viernes 24 de febrero de 2012

Los Estados Emocionales y la Felicidad:


Un modelo de emociones

Desde el día en que comencé la labor de escribir este blog he sostenido que la felicidad es una vivencia del presente y que no se debe ver solo como un desiderátum futuro, entre otras cosas, porque el futuro no es una realidad, es una posibilidad. Esto no implica que podamos visualizar un futuro mejor y organizar nuestras acciones para que esa posibilidad se convierta en una realidad. Esta manera de actuar hacia el futuro debe incorporar un entusiasmo y una emocionalidad que nos permita comenzar a vivir la felicidad en ese hacer, en el proceso de construir una realidad que no existe hoy.
La felicidad no existe sin la presencia de situaciones que nos afecten negativamente; el ser humano distingue con más facilidad cuando se encuentra en situaciones contrastantes y además requiere, por la naturaleza eminentemente social de la humanidad, de conectarse emocionalmente con otros seres humanos. Esto lo digo no de forma absoluta porque una elevada vida espiritual puede llevarnos a experimentar la felicidad mediante la conexión con una realidad inmanente, en la cual, también nos conectemos con el resto de la humanidad por la puerta de atrás, sin que tengamos contacto físico con ella.
Hay que distinguir muy bien entre las emociones y los estados emocionales. Las emociones  son pasajeras y se dan por estímulos externos o internos, con lo cual cambian según las circunstancias, la alegría, la tristeza, la ira, etc., etc.
Los estados emocionales, tienen que ver con las emociones, pero estos no son pasajeros sino que están implantados en la persona y forman parte de su personalidad. También los estados emocionales en muchos casos están vinculados al grupo familiar de la persona, es decir, que se pueden identificar en todos sus miembros o en gran parte del mismo.
Existe un modelo que clasifica los estado emocionales en cuatro tipos:
Maickel Melamed, con una gran discapacidad
 física llegó a la meta en el 
Maratón de Nueva York.
La Ambición que consiste en una actitud positiva hacia la vida y que mueve a la persona hacia el logro de nuevas metas o de crecimiento, se enfoca hacia el futuro con un objetivo constructivo. En este caso la persona se siente dueña y responsable de su destino y por tanto tiene la conciencia de que con su hacer y actuar puede lograr lo que se proponga. Su tema central es el proyecto y su hacer diario y las bondades de su sueño. Aquí vemos normalmente a personas jóvenes y luchadoras.
El Resentimiento consiste en un enojo o rabia por algo que sucedió en el pasado y que lleva a este tipo de personas a proyectar una conducta destructiva hacia el futuro en búsqueda de una venganza o retaliación. En este estado emocional la persona atribuye a otras personas o circunstancias las razones de sus fracasos o de la situación en que se encuentra en el presente; se deja vencer por los condicionamientos que han formado parte de su vida y, al asignar la responsabilidad de lo que le pasa a otras personas,  no es capaz de ver su potencial para superar esas barreras y por eso su actitud hacia el futuro es destructiva. No cierra las situaciones del pasado, hace muchas referencias al pasado negativo y no conoce el perdón. Aquí vemos personas que han vivido grandes dificultades y que asumen una bandera justiciera o reivindicativa que disfraza su deseo de venganza.
La Satisfacción consiste en un estado de conformidad con lo que se tiene o se ha logrado, asume que las cosas van a seguir bien de la misma forma que han sido hasta ahora, y se manifiesta como una situación de paz. Estas personas se sienten afortunadas por la bendiciones recibidas y reconocen en si mismos la satisfacción del deber cumplido y de los éxitos logrados en su vida. Esta actitud es contraproducente cuando se es joven con toda una vida por delante, puesto que esa satisfacción se puede convertir en auto indulgencia y puede, ante una situación difícil, no encontrar la entereza para sobrellevarla. La persona cuenta historias del pasado triunfal o de logro y no hace planes para el futuro. Como dijimos aquí vemos principalmente a personas exitosas en su tercera edad.
La Resignación consiste en un estado de conformismo con la circunstancia actual que no es positiva (en su juicio), pero no se tiene la esperanza de que mejoren, es, además, un estado de parálisis. Aquí vemos a una persona con ansiedad e incluso temor; también es una persona que puede haber visto limitada su vida por ciertos condicionamientos o la negatividad del entorno en que se ha desenvuelto y se ve así misma como una hoja que vuela hacia donde sople en viento, sin capacidad para cambiar su realidad,  como si fuera una res en camino al matadero; esta persona se parece a las que sufren el síndrome de Estocolmo. (*) Aquí vemos a una persona que vive en un  régimen totalitario o a una persona con una discapacidad severa.
Dentro de la línea de pensamiento que he mantenido a lo largo de estos años, considero que la vivencia de la felicidad requiere una mezcla de satisfacción o agradecimiento por las bendiciones o dones que hemos recibido, los logros a lo largo de la vida, mezclado con un ambición de seguir adelante, abiertos a nuevos proyectos y aprendizajes. Si una persona luego de una larga vida entra en un estado de satisfacción, puede resultar válido porque la vida que queda es corta, sin embargo, incluso en esta situación se puede seguir soñando y participando en proyectos o sueños de los que vienen detrás de nosotros. De esto estoy tan seguro por haber tenido la bendición de conocer muchas personas, que a pesar de su avanzada edad o su precaria condición de salud, todavía seguían luchando por esos sueños propios o ajenos que los hacían vibrar.
Estos estados emocionales se manifiestan en la narrativa de las personas y en sus actuaciones y de esta forma podemos identificarlas y nos facilita la forma como nos podemos relacionar con ellas
Los estados emocionales pueden cambiar, pero para ello se requiere de una toma de conciencia de donde nos encontramos y una voluntad de producir un cambio. Normalmente esto puede se acometido con un proceso de terapia psicológica o psiquiátrica. También estos cambios pueden darse cuando la persona se ha visto envuelta en una situación extrema o traumática que la obliga a reevaluar sus paradigmas centrales.
            Existen muchos modelos para clasificar las emociones y los estados emocionales, pero este que les he presentado por su sencillez puede sernos muy útil para conocernos en este dominio y conocer a las personas que nos rodean o con quienes convivimos en los distintos contextos en que nos desenvolvemos.
            El reto aquí es responder a las siguientes preguntas: ¿Cual es mi estado emocional? ¿Este estado emocional me ayuda a ser feliz?

 (*) Wikipedia en Español: "El Síndrome de Estocolmo es una reacción psíquica en la cual la víctima de un secuestro, o persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar ayudando a sus captores a alcanzar sus fines o a evadir a la policía."

sábado 11 de febrero de 2012

El Diálogo: La Importancia de la Discusión de las Ideas:


El diálogo que puede salvar al Euro.

La comunicación ha adquirido modernamente una gran importancia en todos los contextos, partiendo de aquella que resulta necesaria para relacionarnos con otra persona, pasando por  la familia, el trabajo, la sociedad,  la política, hasta el ámbito planetario en el que navegamos hoy en día.

La sociedad moderna es cada vez menos vertical y evoluciona hacia estructuras y relaciones “más planas”, esto exige una manera distinta de comunicación.

Las figuras autoritarias en la familia, las empresas y  la política han entrado en una crisis de poder creciente, aunque existen países y sociedades que se resisten a cambiar, con el agravante de que en casi la mitad del planeta se pretende conservar poderes absolutos sobre las mujeres a niveles que deben considerarse como una violación de sus derechos humanos fundamentales.

Todo los que está pasando hoy en día en el mundo, tiene que ver mucho con un desafío a la autoridad establecida, en busca de un nuevo pacto social que persiga una mayor democracia, participación, transparencia y una exigencia de los ciudadanos de ser escuchados por las instancias de poder.

Esta exigencia ha crecido a tal velocidad que los jefes de los países y de las empresas no han caído en cuenta que se está abriendo una era en que la manera de comunicarnos y relacionarnos va a ser totalmente distinta a la que estamos acostumbrados.

Esto nos lleva a insistir en la necesidad del diálogo como única forma de convenir las nuevas reglas de juego en nuestra sociedad planetaria y para ser efectivos debemos cuestionar nuestro paradigma de poder, tener la voluntad de buscar los consensos necesarios y disponer de las herramientas comunicacionales adecuadas.

Nuestro paradigma del poder afecta peligrosamente este cometido porque el que ostenta el poder o la autoridad formal, está acostumbrado a mandar y que los otros obedezcan.  En este grupo vemos los ejemplos de los que hemos comentado en entradas anteriores, como el intolerante David Cameron, que no espera para oprimir protestas, el cínico Wladimir Putin quien se se hace el loco ante las denuncias
del evidente fraude en las pasada elecciones rusas, al asesino de Bashar al-Assad  o la insolencia de alguno de los novedosos y pintorescos dictadores suramericanos.

¿Preocupado por las iglesias vacías y
las pocas ordenaciones sacerdotales?
Pero esta misma actitud la vemos en los capitanes de las empresas y en todo tipo de organizaciones políticas y sociales. En nuestro criterio una de las crisis más grave la están sufriendo las organizaciones religiosas. Este asunto pone sobre la mesa la necesidad urgente de convocar un concilio en  la iglesia Católica Romana, tal y como lo aconsejó el teólogo suizo Hans Küng.  El reto en estos casos es el más complejo, porque las instituciones religiosas son las más tradicionalistas y jerarquizadas del planeta, solo comparables a las estructuras de los órganos administrativos de los Estados, que además de todo, son gravemente ineficientes. En estas instituciones el lastre del paradigma del poder está incrustado en todos sus niveles. Entonces: ¿Cómo pueden, estas instituciones que tienen miles de años viviendo bajo el mismo paradigma, generar un cambio desde adentro con personas programadas para mandar y obedecer?
Tendrán que entrar en una crisis tan profunda y grave que se vean obligadas a cambiar. Mi deseo es que no esperen a que la crisis se agrave.

El otro aspecto que es indispensable, para que el diálogo sea efectivo, es el tema de disponer de una escucha activa, es decir, que tengamos una actitud abierta a lo que los demás digan o argumenten. 

Normalmente estamos acostumbrados, a creer que siempre tenemos la razón y ese convencimiento nos lleva a rechazar de entrada todo argumento en contrario, a levantar la voz cada vez más para imponer nuestro criterio y apagar el grito del otro. Si la otra persona es tan testaruda como nosotros, entonces se produce lo que se ha dado en llamar: Un diálogo de sordos.  

Sordera como paradigma.
Ya hemos comentado en estradas anteriores el tema de la falta de escucha en los políticos, quienes además hacen gala de una de las estrategias más nocivas para enfrentar los argumentos y opiniones, que nos son lisonjeras o de algún modo favorables a lo que su única e inmensa sabiduría les señala, me refiero al uso de los “argumenta ad hominem” o argumentos sobre la personas. Esta técnica se utiliza como mecanismo para defenderse del planteamiento o reclamo de otra persona, eludiendo contra argumentar, procediendo a descalificar a esa persona solamente. Un ejemplo típico de esta conducta se ve mucho en las discusiones de parlamentarios o cuando un periodista hace un cuestionamiento a un funcionario de gobierno, por ejemplo, acerca del resultado de su gestión, a lo que contesta que esta persona tiene motivos oscuros, es enemigo del país, es corrupto o es un ignorante del tema. Como vemos no responde un argumento con otro, ni usa afirmaciones referidas a hechos que sean comprobables en la realidad. En fin resuelve el asunto colgando una etiqueta a la persona que lo cuestiona.

Esto no excluye a los que no somos políticos del uso de esta técnica, porque, sin razón o con ella, no damos crédito o dejamos de escuchar lo que una persona dice, si tenemos un juicio descalificativo previo o un prejuicio en contra de ella.  No decimos que debamos abstenernos de tener o emitir juicios negativos de una persona, si ellos están bien fundamentados con hechos que sean comprobables, pero aún así, debemos tener la apertura intelectual de escuchar lo que esa persona tenga que decir.

Cuando anteponemos un prejuicio o colocamos una etiqueta como excusa para dejar de escuchar a otra persona, estamos privando a esa persona de su dignidad como ser humano, de su derecho y legitimidad a pensar y actuar de manera distinta, irrespetando el derecho al ejercicio de su libertad, entendiendo este ejercicio, dentro del marco de las normas legales y de convivencia que se requieren en una sociedad civilizada.

Pero este asunto no es tan simple porque requerimos identificar la emocionalidad implantada en nosotros, esa que no es pasajera o circunstancial, sino que es característica de nuestra persona y que se manifiesta en lo que decimos y como lo decimos y en nuestras acciones y que algunos han dando en llamar Estados Emocionales.

Si nuestro estado emocional está contaminado por el rencor o el resentimiento, nuestra visión de la realidad está anclada en el pasado, en un pasado en donde fuimos heridos o despreciados y que en el presente, atribuimos a esos agravios, la causa de nuestra situación actual o de la imposibilidad del logro de un anhelo, etc. Ese rencor busca la reivindicación a través de la venganza, la retaliación y define una personalidad que lleva a esta persona a no asumir responsabilidad por lo que hace o deja de hacer, porque siempre  encuentra en ese pasado negativo o en las demás personas o circunstancias del presente la causa o la justificación de su actuar y culpa a ese pasado o a esas personas de todo, incluso de sus propios actos. Esto es lo que se ha dado en llamar el locus de control externo, del que hemos hablado en otras oportunidades.

Esta persona no es capaz de construir un futuro, sino de destruir todo lo que su poder y autoridad le permita, además, se convence de que su versión es una verdad absoluta, con lo cual la escucha resulta muy difícil, si no, imposible.

Líderes sordos y ciegos como Mr. Magoo.
Lo curioso de este tipo de personas es que si por casualidad tienen una deficiencia auditiva, esta carencia o discapacidad no les preocupa mucho y como sordos tienden a hablar duro para que los demás escuchen solo lo que ellas quieren decir.

En alguna medida las personas revestidas de poder o autoridad tienen este tipo de actitudes. Como su condición de jefe les permite imponer la pauta en toda reunión o circunstancia, invaden el espacio con su idea y su visión de las cosas, sin molestarse en preguntar  nada a los demás. Como la gente que los rodea conocen al personaje, normalmente no se atreven a decir nada que contradiga al jefe. Si lo hace, es severamente contraatacado, el jefe pierde la cabeza indignado ante tanta insolencia, con lo cual no solo envía un claro mensaje al audaz confrontador, sino a todos los demás. En estos ambientes autocráticos se genera un vicio que ha sido llamado “obviedad”.  En este caso hablamos de líderes autocráticos, sin que esto implique que todos los líderes lleguen a estos extremos.

La obviedad consiste en asumir que los demás piensan como nosotros. Que la idea, opinión o juicio que tenemos es tan evidente que los demás piensan de la misma manera y por tal razón omitimos preguntar o indagar si hay una opinión divergente o complementaria.  En estos ambientes sucede que el jefe interpreta que el silencio tiene un significado afirmativo, de aceptación de todo lo que él ha planteado, cuando en la realidad puede existir un disenso no expresado.

Un equipo debe perseguir un objetivo común:
 ¿Cual es el objetivo de tu equipo?
El otro día, en una reunión de un equipo de trabajo al que estaba apoyando, le hice la siguiente pregunta: ¿Cuál es el objetivo de este equipo?  Inmediatamente el líder hizo una exposición sobre su opinión, pero esto no quedó así; inmediatamente otros miembros del equipo dieron la suya: unos identificaron los objetivos del equipo con los de la empresa, otros se fueron a la visión y misión de la empresa y otros hasta metieron a Jesucristo en el asunto. Lo que si era evidente es que nunca han conversado del tema y no han convenido cual es el objetivo de ese equipo.  

Imagino que el lector ha recordado personas o situaciones en que ha visto estos comportamientos, caso en el cual debe verse como parte del equipo y si su respuesta es de silencio ante una situación, decisión u opinión que no comparte, debe preguntarse: ¿Qué emoción me produce ese silencio? ¿Qué puedo hacer para recobrar mi voz dentro del equipo?

También debe reflexionar acerca de su actitud y comportamiento cuando tiene una posición de autoridad o poder, sea en su familia, en su condominio, etc. y si abre espacios para la conversación o la escucha e incluso para preguntar o indagar la opinión de los demás, así parezca que están de acuerdo y con esto evitar la obviedad.

Estos vicios son comunes en nosotros, pero son más evidentes en situaciones de poder político y con más graves consecuencias.

Entonces esta necesidad de diálogo que tiene el mundo moderno debe comenzar por evaluarnos como conversadores y escuchadores competentes y hábiles, porque de otra forma lo que le espera a esta nueva sociedad planetaria es el caos y la anarquía y no podemos quedarnos callados para así impedir que nuestro silencio sea interpretado por el o los autócratas como una señal de apoyo a sus atropellos y abusos.

Debemos estar alerta para identificar a los políticos que incurren en este tipo de vicios, porque éstos no serán los más capaces para resolver los problemas de los pueblos. La complejidad del mundo moderno hace imposible que una persona tenga todas las respuestas. El líder competente debe promover la discusión de la ideas, mediante un diálogo fructífero, en donde se consulte a muchas personas y se logren los consensos que sean necesarios.

"No tengan miedo" Juan Pablo II.
El ciudadano se debe expresar de muchas formas, protestando, dialogando, con una escucha activa y efectiva y no perdiendo nunca la oportunidad de votar en las elecciones, cuando todavía exista este medio de expresar una opinión.

En manos del ciudadano está el marcar la pauta de los tiempos que estamos viviendo.

jueves 12 de enero de 2012

Speach at Harvard University (2008) by J.K. Rowling.


J.K. Rowling
President Faust, members of the Harvard Corporation and the Board of Overseers, members of the faculty, proud parents, and, above all, graduates.
The first thing I would like to say is ‘thank you.’ Not only has Harvard given me an extraordinary honour, but the weeks of fear and nausea I have endured at the thought of giving this commencement address have made me lose weight. A win-win situation! Now all I have to do is take deep breaths, squint at the red banners and convince myself that I am at the world’s largest Gryffindor reunion. 


Delivering a commencement address is a great responsibility; or so I thought until I cast my mind back to my own graduation. The commencement speaker that day was the distinguished British philosopher Baroness Mary Warnock. Reflecting on her speech has helped me enormously in writing this one, because it turns out that I can’t remember a single word she said. This liberating discovery enables me to proceed without any fear that I might inadvertently influence you to abandon promising careers in business, the law or politics for the giddy delights of becoming a gay wizard. 



You see? If all you remember in years to come is the ‘gay wizard’ joke, I’ve come out ahead of Baroness Mary Warnock. Achievable goals: the first step to self improvement. 


Actually, I have wracked my mind and heart for what I ought to say to you today. I have asked myself what I wish I had known at my own graduation, and what important lessons I have learned in the 21 years that have expired between that day and this. 


I have come up with two answers. On this wonderful day when we are gathered together to celebrate your academic success, I have decided to talk to you about the benefits of failure. And as you stand on the threshold of what is sometimes called ‘real life’, I want to extol the crucial importance of imagination. 


These may seem quixotic or paradoxical choices, but please bear with me. 

Looking back at the 21-year-old that I was at graduation, is a slightly uncomfortable experience for the 42-year-old that she has become. Half my lifetime ago, I was striking an uneasy balance between the ambition I had for myself, and what those closest to me expected of me. 

I was convinced that the only thing I wanted to do, ever, was to write novels. However, my parents, both of whom came from impoverished backgrounds and neither of whom had been to college, took the view that my overactive imagination was an amusing personal quirk that would never pay a mortgage, or secure a pension. I know that the irony strikes with the force of a cartoon anvil, now. 


So they hoped that I would take a vocational degree; I wanted to study English Literature. A compromise was reached that in retrospect satisfied nobody, and I went up to study Modern Languages. Hardly had my parents’ car rounded the corner at the end of the road than I ditched German and scuttled off down the Classics corridor. 



I cannot remember telling my parents that I was studying Classics; they might well have found out for the first time on graduation day. Of all the subjects on this planet, I think they would have been hard put to name one less useful than Greek mythology when it came to securing the keys to an executive bathroom. 



I would like to make it clear, in parenthesis, that I do not blame my parents for their point of view. There is an expiry date on blaming your parents for steering you in the wrong direction; the moment you are old enough to take the wheel, responsibility lies with you. What is more, I cannot criticise my parents for hoping that I would never experience poverty. They had been poor themselves, and I have since been poor, and I quite agree with them that it is not an ennobling experience. Poverty entails fear, and stress, and sometimes depression; it means a thousand petty humiliations and hardships. Climbing out of poverty by your own efforts, that is indeed something on which to pride yourself, but poverty itself is romanticised only by fools. 


What I feared most for myself at your age was not poverty, but failure. 


At your age, in spite of a distinct lack of motivation at university, where I had spent far too long in the coffee bar writing stories, and far too little time at lectures, I had a knack for passing examinations, and that, for years, had been the measure of success in my life and that of my peers. 


I am not dull enough to suppose that because you are young, gifted and well-educated, you have never known hardship or heartbreak. Talent and intelligence never yet inoculated anyone against the caprice of the Fates, and I do not for a moment suppose that everyone here has enjoyed an existence of unruffled privilege and contentment. 


However, the fact that you are graduating from Harvard suggests that you are not very well-acquainted with failure. You might be driven by a fear of failure quite as much as a desire for success. Indeed, your conception of failure might not be too far from the average person’s idea of success, so high have you already flown. 



Ultimately, we all have to decide for ourselves what constitutes failure, but the world is quite eager to give you a set of criteria if you let it. So I think it fair to say that by any conventional measure, a mere seven years after my graduation day, I had failed on an epic scale. An exceptionally short-lived marriage had imploded, and I was jobless, a lone parent, and as poor as it is possible to be in modern Britain, without being homeless. The fears that my parents had had for me, and that I had had for myself, had both come to pass, and by every usual standard, I was the biggest failure I knew. 



Now, I am not going to stand here and tell you that failure is fun. That period of my life was a dark one, and I had no idea that there was going to be what the press has since represented as a kind of fairy tale resolution. I had no idea then how far the tunnel extended, and for a long time, any light at the end of it was a hope rather than a reality. 



So why do I talk about the benefits of failure? Simply because failure meant a stripping away of the inessential. I stopped pretending to myself that I was anything other than what I was, and began to direct all my energy into finishing the only work that mattered to me. Had I really succeeded at anything else, I might never have found the determination to succeed in the one arena I believed I truly belonged. I was set free, because my greatest fear had been realised, and I was still alive, and I still had a daughter whom I adored, and I had an old typewriter and a big idea. And so rock bottom became the solid foundation on which I rebuilt my life. 



You might never fail on the scale I did, but some failure in life is inevitable. It is impossible to live without failing at something, unless you live so cautiously that you might as well not have lived at all – in which case, you fail by default. 


Failure gave me an inner security that I had never attained by passing examinations. Failure taught me things about myself that I could have learned no other way. I discovered that I had a strong will, and more discipline than I had suspected; I also found out that I had friends whose value was truly above the price of rubies. 


The knowledge that you have emerged wiser and stronger from setbacks means that you are, ever after, secure in your ability to survive. You will never truly know yourself, or the strength of your relationships, until both have been tested by adversity. Such knowledge is a true gift, for all that it is painfully won, and it has been worth more than any qualification I ever earned. 



So given a Time Turner, I would tell my 21-year-old self that personal happiness lies in knowing that life is not a check-list of acquisition or achievement. Your qualifications, your CV, are not your life, though you will meet many people of my age and older who confuse the two. Life is difficult, and complicated, and beyond anyone’s total control, and the humility to know that will enable you to survive its vicissitudes. 



Now you might think that I chose my second theme, the importance of imagination, because of the part it played in rebuilding my life, but that is not wholly so. Though I personally will defend the value of bedtime stories to my last gasp, I have learned to value imagination in a much broader sense. Imagination is not only the uniquely human capacity to envision that which is not, and therefore the fount of all invention and innovation. In its arguably most transformative and revelatory capacity, it is the power that enables us to empathise with humans whose experiences we have never shared. 


One of the greatest formative experiences of my life preceded Harry Potter, though it informed much of what I subsequently wrote in those books. This revelation came in the form of one of my earliest day jobs. Though I was sloping off to write stories during my lunch hours, I paid the rent in my early 20s by working at the African research department at Amnesty International’s headquarters in London. 

There in my little office I read hastily scribbled letters smuggled out of totalitarian regimes by men and women who were risking imprisonment to inform the outside world of what was happening to them. I saw photographs of those who had disappeared without trace, sent to Amnesty by their desperate families and friends. I read the testimony of torture victims and saw pictures of their injuries. I opened handwritten, eye-witness accounts of summary trials and executions, of kidnappings and rapes. 


Many of my co-workers were ex-political prisoners, people who had been displaced from their homes, or fled into exile, because they had the temerity to speak against their governments. Visitors to our offices included those who had come to give information, or to try and find out what had happened to those they had left behind. 



I shall never forget the African torture victim, a young man no older than I was at the time, who had become mentally ill after all he had endured in his homeland. He trembled uncontrollably as he spoke into a video camera about the brutality inflicted upon him. He was a foot taller than I was, and seemed as fragile as a child. I was given the job of escorting him back to the Underground Station afterwards, and this man whose life had been shattered by cruelty took my hand with exquisite courtesy, and wished me future happiness. 


And as long as I live I shall remember walking along an empty corridor and suddenly hearing, from behind a closed door, a scream of pain and horror such as I have never heard since. The door opened, and the researcher poked out her head and told me to run and make a hot drink for the young man sitting with her. She had just had to give him the news that in retaliation for his own outspokenness against his country’s regime, his mother had been seized and executed. 


Every day of my working week in my early 20s I was reminded how incredibly fortunate I was, to live in a country with a democratically elected government, where legal representation and a public trial were the rights of everyone. 


Every day, I saw more evidence about the evils humankind will inflict on their fellow humans, to gain or maintain power. I began to have nightmares, literal nightmares, about some of the things I saw, heard, and read. 

And yet I also learned more about human goodness at Amnesty International than I had ever known before. 


Amnesty mobilises thousands of people who have never been tortured or imprisoned for their beliefs to act on behalf of those who have. The power of human empathy, leading to collective action, saves lives, and frees prisoners. Ordinary people, whose personal well-being and security are assured, join together in huge numbers to save people they do not know, and will never meet. My small participation in that process was one of the most humbling and inspiring experiences of my life. 


Unlike any other creature on this planet, humans can learn and understand, without having experienced. They can think themselves into other people’s places. 


Of course, this is a power, like my brand of fictional magic, that is morally neutral. One might use such an ability to manipulate, or control, just as much as to understand or sympathise. 


And many prefer not to exercise their imaginations at all. They choose to remain comfortably within the bounds of their own experience, never troubling to wonder how it would feel to have been born other than they are. They can refuse to hear screams or to peer inside cages; they can close their minds and hearts to any suffering that does not touch them personally; they can refuse to know. 

I might be tempted to envy people who can live that way, except that I do not think they have any fewer nightmares than I do. Choosing to live in narrow spaces leads to a form of mental agoraphobia, and that brings its own terrors. I think the wilfully unimaginative see more monsters. They are often more afraid. 


What is more, those who choose not to empathise enable real monsters. For without ever committing an act of outright evil ourselves, we collude with it, through our own apathy. 



One of the many things I learned at the end of that Classics corridor down which I ventured at the age of 18, in search of something I could not then define, was this, written by the Greek author Plutarch: What we achieve inwardly will change outer reality. 



That is an astonishing statement and yet proven a thousand times every day of our lives. It expresses, in part, our inescapable connection with the outside world, the fact that we touch other people’s lives simply by existing. 


But how much more are you, Harvard graduates of 2008, likely to touch other people’s lives? Your intelligence, your capacity for hard work, the education you have earned and received, give you unique status, and unique responsibilities. Even your nationality sets you apart. The great majority of you belong to the world’s only remaining superpower. The way you vote, the way you live, the way you protest, the pressure you bring to bear on your government, has an impact way beyond your borders. That is your privilege, and your burden. 

If you choose to use your status and influence to raise your voice on behalf of those who have no voice; if you choose to identify not only with the powerful, but with the powerless; if you retain the ability to imagine yourself into the lives of those who do not have your advantages, then it will not only be your proud families who celebrate your existence, but thousands and millions of people whose reality you have helped change. We do not need magic to change the world, we carry all the power we need inside ourselves already: we have the power to imagine better. 

I am nearly finished. I have one last hope for you, which is something that I already had at 21. The friends with whom I sat on graduation day have been my friends for life. They are my children’s godparents, the people to whom I’ve been able to turn in times of trouble, people who have been kind enough not to sue me when I took their names for Death Eaters. At our graduation we were bound by enormous affection, by our shared experience of a time that could never come again, and, of course, by the knowledge that we held certain photographic evidence that would be exceptionally valuable if any of us ran for Prime Minister. 


So today, I wish you nothing better than similar friendships. And tomorrow, I hope that even if you remember not a single word of mine, you remember those of Seneca, another of those old Romans I met when I fled down the Classics corridor, in retreat from career ladders, in search of ancient wisdom: 



As is a tale, so is life: not how long it is, but how good it is, is what matters. 



I wish you all very good lives. 


Thank-you very much.

martes 27 de diciembre de 2011

Liderazgo Político Versión 2.0 (a Rusia con amor y esperanza):




Protestas masivas en Rusia.

            En los dos últimos meses ha aumentado significativamente la visita a este blog de personas que viven en Rusia y en tal sentido nos hacemos solidarios con las dificultades que han tenido recientemente y la gran preocupación por la tendencia cada vez más marcada, del gobierno de ese país, de alejarse de la ruta democrática.


En este blog hemos hecho un viraje hacia temas de contenido político, vista la grave crisis económica que estamos enfrentando, agravada por la insuficiencia política de los actuales líderes políticos para enfrentarla y su falta de visión de la nueva realidad que le toca vivir a la humanidad en el siglo XXI.

Hemos planteado que la incapacidad de escuchar o percibir la realidad por parte de los líderes políticos del Norte de África, fue lo que llevó a sus pueblos a revocarlos; el mismo error está siendo cometido por líderes de Europa, Estados Unidos, Rusia y otros países; aunque las circunstancias difieren en cada caso, existe un reclamo generalizado en contra de los gobiernos por haber permitido el colapso de las economías y una exigencia de mayor participación política y de una democratización más profunda (ver: “El Diálogo 3ª Parte: La Escucha de los Líderes Políticos”) .

Señalamos la necesidad de que la protesta debe conducir hacia un activismo político organizado, con propuestas concretas y no quedarse en la mera queja. Vemos con agrado que hace poco más de una semana se realizó una protesta en España en la cual se pedía la modificación de la Ley electoral, de manera de que se reconozca el principio de “una persona un voto”, para hacer más democrática la elección de los representantes del pueblo a los cuerpos legislativos. Este tipo de iniciativa va al centro del problema y puede abrir la posibilidad de acceso al poder a un nuevo liderazgo. (ver :“Los Indignados vs Los Indignos”)

En este sentido, existe la necesidad de la actuación política activa por parte de los indignados para el logro de cambios profundos dentro de un esquema democrático. Llevar la protesta como medio para destruir el estamento político, pone en riesgo la democracia y propende al surgimiento de radicalismos políticos y a la instauración de regímenes totalitarios. La protesta no debe ser un fin en si misma y su alcance y magnitud debe ser la que las circunstancias aconsejen. Esto no limita la actuación política que deben asumir los indignados al mero ejercicio del voto electoral, sino también al activismo político en una organización política de la que debe surgir un nuevo liderazgo.

Para que esto sea posible este nuevo ciudadano 2.0, activamente político, debe estar dispuesto a desechar los dos paradigmas políticos que no permiten un avance significativo hacia el futuro, a saber: 1.- El paradigma de los líderes actuales que asumen una postura ideológica, como careta de sus verdaderas intenciones, que persigue la conquista del poder y su conservación por el mayor tiempo posible (seguidores de Maquiavelo); 2.- El paradigma de los ciudadanos que se han distanciado de la política y la descalifican, dejando que este espacio sea ocupado, en muchos casos, por personas incompetentes o corrompidas.. Estos paradigmas se contraponen a los nuevos paradigmas políticos que deben regir en el siglo XXI y que creo son: 1.- La política se debe cimentar en valores fundamentales (no ideológicos), derechos humanos y cultura de paz; y, 2.- El fin de la política debe ser el logro de soluciones de problema de carácter público (ver: “Los Indignados como Organización Política”)
Los líderes deben ser elegidos o promovidos en organizaciones políticas mas participativas (no jerarquizadas), a través de los mecanismos de comunicación de que disponemos hoy en día y en la que los ciudadanos sean formados de manera continua políticamente (no ideologizados), en especial para poder detectar con mayor claridad los liderazgos válidos y desechar los falsos y engañosos.

En estos momentos los ciudadanos de Siria y Rusia están teniendo momentos difíciles.

En Siria, a pesar de las protestas internacionales en especial las de la Liga Árabe, el asesino Bashar al-Asad bombardea a los manifestantes de su país. Las sanciones internacionales no han servido para detener esta matanza. Ya esto se convirtió en un guerra al estilo Libia, pero con muy poca ayuda internacional.
Mijail Gorbachov solicita renuncia de Putin.
En Rusia la banda liderada por Vladímir Putin, cometió muchas irregularidades en las pasadas elecciones parlamentarias, que ha llevado a personalidades como Mijaíl Gorbachov a pedir su renuncia. Las protestas pacíficas persisten y el régimen ha apresado a uno de los líderes principales de este grupo. Las protestas que exigen la realización de nuevas elecciones parlamentarias, también incluyen reclamos por las restricciones puestas para el registro de partidos políticos y la eliminación de la elección directa de los Gobernadores provinciales.

"¡Quítate tú.... pa` ponerme yo!"
Enroque macabro.
Hoy Vladimir Putin (ejemplo de embustero) pide que se realicen elecciones limpias, pero al no pronunciarse acerca de las irregularidades cometidas en la anterior elección, no hace más que ratificar su intención de pedir un cambio para seguir en lo mismo.

En este sentido la organización política es importante para que, a pesar de las graves denuncias de fraude, exista una convocatoria importante de electores para asistir a las urnas y así evitar, con el abstencionismo, que la casta gobernante logre su objetivo de perpetuarse en el poder. La abstención nunca ha sido efectiva como estrategia política para el que aspira a ganar una elección y el régimen actual la promoverá seguramente, puesto que tiene mecanismos para presionar a sus partidarios a votar. Pero esto no es suficiente. Se requiere presionar al órgano electoral para que actúe con imparcialidad y permita la presencia de representantes de los partidos en los Centros Electorales como testigos y de observadores internacionales reconocidos por la mayoría de los partidos políticos; también debe formarse un equipo de activistas en cada región del país para que unos participen como testigos en los centros electorales y otros encargados de ir de puerta en puerta, el día de la elección,  y así movilizar la mayor cantidad de gente posible para votar; tener una logística de suministros a todas estas personas; y, un sistema de comunicación permanente de coordinadores electorales para mantener una red de información y apoyo durante el proceso electoral. La personas que estén presentes en los centros de votación deben disponer de formación acerca de las normas aplicable al proceso y de las irregularidades que tradicionalmente se cometen en los comicios, para así poder defender cada voto. Esto es fundamental porque en los centros electorales en los que las fuerzas políticas democráticas no tengan presencia, será mucho más fácil cometer toda clase de irregularidades.
Václav Havel, ejemplo a seguir.
Los grupos regionales pueden ser coordinados por las organizaciones políticas con el apoyo de asociaciones de vecinos, gremios profesionales, sindicatos, etc. Para que esto pueda lograrse y ser efectivo, las fuerzas políticas que adversan al régimen deben hacer un pacto de colaboración para lograr que los resultados reales de la elección se impongan al ventajismo y la trampa de la casta gobernante.

            Nuestra misión en este blog será, por el momento, convertirse en una tribuna para la lucha en post de una mayor y mejor democracia en los países del planeta y aportar reflexiones que contribuyan a una mayor y mejor cultura política de los ciudadanos, quienes deben asumir el liderazgo del cambio al que aspiran. Cuando te preguntes: ¿Dónde está el liderazgo que se requiere para el cambio?, en su lugar pregúntate: ¿Estoy siendo parte del cambio o del obstáculo que lo impide?

jueves 8 de diciembre de 2011

Navidad: Cuando Damos Nuestro Regalo Más Preciado.


La Natividad


Este año ha sido muy impactante para todos los que vivimos en este planeta. El terremoto de Japón, que se vio agravado con el tsunami y la destrucción de la planta nuclear de Fukushima,  ha puesto de manifiesto las graves consecuencias que podremos sufrir en el futuro si no atendemos los temas ambientales.
Lágrimas en Akita 
Para el pueblo del Japón, mis mayores admiración y respeto, por haber demostrado en esta crisis tan grave un altísimo desempeño como ciudadanos con elevados valores humanos. Oraré a la Virgen de Akita para que interceda en la recuperación de ese hermoso país.

A este evento sumamos los efectos económicos de la explosión de la burbuja inmobiliaria, que ha transformado en una de las crisis fiscales y políticas más importantes de los últimos cien años.

La conquista de la libertad.

Sin embargo, el surgimiento de los movimientos sociales en los países del Norte de África en demanda de mayor democracia, abre una esperanza hacia un futuro en el que sea cada vez más difícil instituir gobiernos autocráticos en el mundo. Todos esperamos que aquéllos se desarrollen en beneficio de esos pueblos, no como una forma de sustituir castas dominantes por otras.

            

         En estas circunstancias, Vivir La Felicidad ( http://www.vivir-la-felicidad.blogspot.com ) asumió el compromiso de estar cerca de los acontecimientos más importantes y los asuntos que más profundamente afectan al ser humano, porque la felicidad que aquí se propugna no es evasiva, ni hedonista, o superficial aunque sea permisible el disfrute dionisíaco, más cuando se hace como un reconocimiento al valor inapreciable de la vida y la finitud del ser humano. 
         
           La vivencia de la felicidad nos exige amar a las personas, un sentimiento que nos acerca fuertemente al disfrute o el sufrimiento del otro. En cuanto a lo primero debemos compartir estos días con nuestra familia y amigos, dar gracias por todas las bendiciones que hemos recibido y encontrarnos con alegría, reconciliándonos por las diferencias que hayamos podido tener.  En cuanto a nuestras tristezas, acercarnos a nuestros seres queridos, y sin son otros quienes están tristes, no se trata de sufrir por solidaridad mal entendida, sino de un acompañamiento en su mal momento; lo que nos exige una escucha empática, un hombro para llorar, un abrazo afectuoso y actuar a favor de quien sufre. Es como si estuviéramos en un bote y  viendo a alguien ahogarse en el agua, nos toca lanzar el salvavidas con una cuerda y ayudar a esa persona a alcanzar el bote, no lanzarnos para ahogarnos con ella y mantener firmes nuestros pies en el permitiendo que el amor nos de la fuerza y nos muestre un camino, en el momento en que esa persona necesita más de ese apoyo firme. Por eso digo: debemos ser solidarios con la persona, no con su dolor, porque ese dolor no nos pertenece. El acompañamiento es fundamental pues el sufrimiento en la vida es necesario y natural. El cuerpo requiere su tiempo para sanar; la sanación será eficaz si damos el apoyo adecuado, con una visión positiva que vislumbre una luz al final del túnel. 

Siempre al lado de los que sufren
Este amor del que hablamos está muy vinculado a la generosidad, pero de una calidad muy superior a aquella que asociamos con dar o regalar cosas. Tiene más que ver con una generosidad que evidencia la verdadera grandeza del ser humano, cuando uno es capaz de darse a los demás. Una persona puede carecer de “un duro” en el bolsillo, pero disponer de lo más grande y preciado que tiene, ese obsequio que recibimos de Dios: la propia humanidad, nuestra existencia y  presencia en esta minúscula ventana de espacio y tiempo en la que podemos relacionarnos con nuestros compañeros de viaje.

La Navidad se vincula siempre con el intercambio de obsequios. Este intercambio es una manera de expresar afecto o agradecimiento hacia las personas que queremos, con las que nos ha tocado compartir vida en el año que está por terminar. Compartir es bueno de por sí, pero requiere sinceridad y autenticidad y, lo más importante, evitar que los otros se sientan obligados a retribuir; más de uno puede carecer de posibilidades económicas para esa reciprocidad.

La "multisápida" hallaca.
También es importante distinguir gestos que a veces pasan inadvertidos, como en el caso de la persona que obsequia su arduo trabajo, por ejemplo, comida que elabora con sus propias manos. En estos días, examinando recetas navideñas, me percaté de que casi ninguna -de varios países- es de fácil elaboración. En Venezuela  se elabora una especie de tamal que llamamos hallaca: una masa de maíz delgada rellena con un guiso de gallina, cerdo o vaca, con añadidos de alcaparras, aceitunas, uvas pasas, etcetera.  Sus distintas recetas se remontan a más de 300 años y requieren un trabajo físico importante: el esfuerzo de varias personas e innumerables y costosos ingredientes. Entonces, seamos capaces de ver la grandeza hasta en lo que puediera parecer pequeño, como una hallaca, al igual que hacemos cuando admiramos la más humilde de las flores del campo que derrocha su perfección infinita.

En fin, hay que observar y escuchar amorosamente a quien nos honra con su presente o su entrega, y valorar y agradecer esa muestra de cariño como lo que es: una bendición. El agradecimiento abre nuestro corazón a la grandeza que está en la otra persona, esa belleza que, sin imponerse, nos otorga la prueba más evidente de la presencia de Dios en nuestros semejantes. Al transformarnos  nosotros en observadores de esa grandeza y esa belleza, también devenimos en pródigos creadores de felicidad.

Encuentro de dos mundos
En esta época hay que pensar en el que no tiene nada; ése es el regalo que nos pide Jesús que hagamos: el que se entrega con la mano derecha sin que la izquierda lo sepa.

Debemos recuperar la esperanza y la fe en la humanidad en momentos difíciles, tal como Dios hizo al enviar a Jesús de Nazaret, el mas grande regalo de amor que ha recibido la humanidad. A los que no comparten la fe en Jesucristo, toda bendición en estos días; que estén plenos de amor, la fuerza más grande del universo.




miércoles 30 de noviembre de 2011

Los Indignados como Organización Política:


Liderazgo del Siglo 19.

En las páginas anteriores he tratado el tema de la profunda crisis política y de liderazgo que existe en el mundo, reflejada, entre otras cosas, por la falta de escucha de los políticos de la realidad y del cambio que se está dando en la sociedad planetaria y cuya manifestación más relevante ha sido el movimiento de protesta que se ha diseminado por el mundo.

También he planteado que las personas que protestan, por diferentes razones, en contra de sus respectivas clases políticas, no lo deberían hacer desde el paradigma de la anti-política; que deben reconocer que su acción de protesta es política y que no lograran cambiar la realidad en sus países si no asumen un rol político.

Soberbia sin contenidos.

Ejemplo de esto fue lo que sucedió en las recientes elecciones de España, en las que ninguno de los candidatos de los partidos mayoritarios presentó plan alguno de acción para resolver la crisis presente, y que al saberse los resultados, la calificación de los bonos españoles bajó porque los mercados tampoco percibieron ningún mensaje esperanzador. En mi juicio, los resultados solo pueden interpretarse como un voto castigo ante una pésima gestión del gobierno saliente y no como un voto a favor de alguien que propone una salida viable o creíble en el futuro cercano. En este escenario los indignados pasaron por debajo de la mesa y ni siquiera ninguno de los candidatos se molestó en conversar con estos grupos, ni mostró interés en ninguno de los planteamientos en que fundamentan su protesta.

Este inventó el modelo de los  partidos
 que hoy nos gobiernan

Los políticos y sus partidos están atrapados en el paradigma de las ideologías y las utilizan como instrumento de intolerancia hacia cualquier otro que sostenga una ideología diferente; pero en la realidad, ni siquiera creen o practican esas ideologías, sino que las usan como una máscara para justificarse éticamente, cuando en realidad viven exclusivamente para la obtención y la preservación del poder y actúan casi siempre con base a una “realpolitik” (se actúa según las circunstancias y según convenga a los fines politiqueros).

Así las cosas, se hace sumamente difícil producir un cambio del paradigma del poder y toca a la sociedad y a los ciudadanos producir un cambio político que permita el ejercicio exitoso de la política que requiere el siglo XXI, pero, para ello, debemos renunciar a nuestro paradigma de la anti-política.

Entonces ¿Cuál es el camino?

Hay que hacer un cambio radical de lenguaje. Se debe eliminar la autodefinición de “indignados” y sustituirla por otra que apunte hacia donde vamos y adonde queremos estar; que no se quede en las emociones de la rabia o en el estado emocional de la frustración o la resignación. Sugiero que pudiera auto-calificarse como Generación 21, o Movimiento 21, etc. Sería excelente usar las redes sociales para rebautizar el movimiento a nivel mundial o local.

Luego, siguiendo la doctrina del politólogo Luis Enrique Alcalá, mediante la creación de una nueva organización política con “un distinto código genético”, en la cual se establezca como fundamento valores universales como son los derechos humanos y los valores de la Cultura de Paz de las Naciones Unidas, porque el marco ideológico se agotó (no podemos seguir viviendo con modelos mentales del siglo 19) y prueba de ello es que en la Generación 21 encontramos a todo tipo de personas, con pensamientos diversos y que en definitiva exigen de la política efectividad y eficiencia para resolver problemas de carácter público.

Red Social
La organización política de la Generación 21 debe ser plana, democrática, altamente participativa y esto se puede lograr constituyéndola en una red, con células en cada pueblo o en cada ciudad. Esta red debe ser fundamentalmente virtual a través de internet y funcionar con todas las redes sociales existentes. Deben promoverse asambleas locales físicas o a través de la red, con sus respectivos coordinadores locales, que puedan elegirse por períodos cortos, de manera que se relegitimen periódicamente. Estos representantes locales convergerían en un órgano regional, nacional o internacional. 


Las redes han demostrado ser muy eficientes para convocar a las protestas, pero deben evolucionar también hacia la creación de foros de discusión de ideas, de promoción de iniciativas legislativas y soluciones a problemas concretos de carácter público y lo más importante como instrumento de formación política de sus miembros y de los ciudadanos. También puede funcionar como mecanismo de apoyo solidario a las distintas comunidades o de plataforma política en caso de protestas o para canalizar peticiones frente a las autoridades.

El manejo de la organización mediante el uso de las tecnologías de comunicación no es suficiente, porque se puede incurrir en el mismo error en el que incurren los políticos tradicionales. Se requiere que los miembros de esta nueva organización mantengan contacto personal y directo con los demás miembros locales de cada célula y eventualmente con los de otras ciudades y poblaciones y, lo más importante, no perder el contacto con la gente, con la comunidad que en definitiva es a la que se debe el político y más aún cuando está en el ejercicio del poder.

"Hemos escogido ir a la luna,
no porque es fácil, sino porque es difícil.

Este tema no resulta fácil y el éxito de una organización política está, en resumen, en una adecuada gestión ontológica que tenga un manejo y conocimiento válido de la realidad en la que actúa y sobre la cual inciden las decisiones y acciones que se ejecutan, reconociendo las necesidades más sentidas de las personas, sus valores, lo que desean conservar, etc.; una gestión de la posibilidad en la que se tenga clara mirada de un futuro posible y cautivador; y, una gestión apasionada o constante de la acción, es decir, que se tenga la competencia, la disciplina, estructura, plan de trabajo, etc., para que la posibilidad se haga realidad.

Los miembros de la Generación 21 tienen la palabra.

jueves 17 de noviembre de 2011

Los Indignados vs. Los Indignos:

Gobiernos Sordos jugando con fuego.
 En una entrada anterior (Indignados o Resignados), hice referencia al movimiento de protesta que ha surgido alrededor del mundo a partir del movimiento popular en Túnez (Primavera de Túnez) y que se ha expandido a una gran cantidad de países alrededor del globo terráqueo. En algunos, como un reclamo político con raíces económicas y en otros como un reclamo económico con raíces políticas, pero al final parecen todos converger en un deseos de cambio profundo en la forma de hacer política y en el manejo de una economía hoy globalizada.

Con relación a los movimientos de protestas surgidos en Europa y Estado Unidos, a diferencia de los ocurridos en el norte de África, señalé que parten de una postura opuesta a los partidos políticos o planteada desde la antipolítica y los graves riesgos que esto conlleva para lograr un cambio efectivo en el modelo político agotado del siglo XX.

Estos movimientos deben comenzar a ponerle letra a la música que tocan para que la protesta pueda desembocar en un resultado concreto. Como todas las cosas en la vida, esto requiere: primero saber a donde se quiere llegar, segundo tener un plan o estrategia definida y la flexibilidad para adaptarse a las circunstancias y tropiezos que se puedan encontrar, tercero la constancia y la paciencia para seguir en la lucha, porque este carrera es maratónica y por último, entender que el éxito estará dado por la formación de un movimiento político moderno que pueda actuar dentro y al borde del régimen legal, empujándolo para que cambie sin que haya un quiebre violento en el proceso.

Hemos oído por mucho tiempo que la soberanía pertenece al pueblo. Este pueblo ha delegado esa soberanía en políticos caducos (momias) que la han secuestrado y hoy dan la espalda a sus pueblos y a los retos de este siglo. Es hora de que el pueblo ejerza su soberanía y produzca los cambios que se requieren. Si los políticos en el poder no entienden ésto, será necesario substituirlos o destituirlos.

Como el monopolio de la violencia está en manos de los gobernantes, aquí se plantea el uso de la protesta pacífica y la desobediencia civil; este último, no es un medio fácil de implementar y puede exigirnos ir a una cárcel o perder la vida.

Mas específicamente, el grupo denominado 15 M en España perdió una oportunidad muy grande en este proceso electoral que se celebró, al no asumir una posición política activa en este contexto. El tema no es que se diga que se va a votar por uno o por otro; se requería forzar a los candidatos a debatir públicamente los temas de los manifestantes para exigir pronunciamientos precisos. O en todo caso, al Rey, para que deje su papel decorativo en este asunto, quien se ha comportado de una forma “guabinosa” (*).

El debate que protagonizaron los dos candidatos a la Presidencia del Gobierno no pasó de ser un espectáculo de recriminaciones y de expresión de generalidades, que no permiten deducir las acciones concretas que va a emprender el ganador de los comicios en el siguiente período constitucional. La falta de franqueza, transparencia y liderazgo de estos dos candidatos los hace indignos de liderar a España en momentos difíciles.

En el noticiero Euronews se encuentran entrevistas a algunos de los cabecillas del movimiento 15 M, quienes ya comienzan a precisar las medidas que exigen del gobierno para paliar la situación económica que los aqueja y se pueden resumir así: 1.- Declarar una moratoria para que se suspendan los desahucios de las viviendas de las personas que no pueden pagar las hipotecas. 2.- Que las personas puedan saldar su deuda con el banco con la sola entrega del inmueble. En este caso lo que sucede es que el valor por el cual se adquirió la vivienda era mucho mayor al valor que hoy en día tiene el inmueble, con lo cual el deudor al entregar la vivienda al banco continua debiéndole dinero. 3.- Que el estado construya viviendas de propiedad pública para alquilar a las personas que carecen de vivienda. 4.- Establecer un impuesto adicional a las viviendas que se encuentren desocupadas. Y por último, pero no menos importante: 5.- la modificación del sistema electoral de manera de que exista una sola circunscripción electoral en todo el país (imagino que para la elección de los Diputados) y que así se garantice la representación de todas las minorías y no que se consolide el bipartidismo actual.

En Venezuela este sistema permitió, con manipulaciones adicionales de los circuitos, que la oposición a pesar de haber obtenido a nivel nacional la mayoría de los votos totales (un poco más del 51%) solo logró cerca del 26% de los escaños en la Asamblea Nacional.

Estos temas son complejos y resulta complicado aplicar una misma solución a cada caso, pero tiene la importancia de haber puesto sobre la mesa una agenda de discusión, que antes resultaba muy vaga para los observadores del fenómeno.

Lo grave en España, Inglaterra y Estados Unidos es que los gobiernos no están dispuestos a discutir ninguna agenda con estos grupos de protesta.

En Inglaterra, como lo señalamos en la entrada referida a “El Diálogo: La escucha en los Políticos.” y ahora en Estados Unidos (pareciera ser de forma coordinada) están implementando una política de represión y de violación flagrante de los derechos humanos de los indignados, pareciéndose cada vez más, al intolerante e inhumano gobierno chino.

Weiwei: Incómodo e impertinente activista chino
El gobierno chino se anota hoy entre los países que utilizan el sistema legal como mecanismo de represión, mediante la creación de delitos de opinión, la criminalización de la protesta, el establecimiento de severas sanciones administrativas (multas) y penales en leyes de impuestos, ambientales, laborales, que crean una cerco jurídico, que aprietan a voluntad, para destruir a los enemigos de la “revolución”; recientemente sucedió con el activista Weiwei (arquitecto que diseñó el estadio de las olimpíadas en forma de nido) a quien impusieron una multimillonaria multa por “evasión de impuestos” de la que no se conocen sus sustentos jurídicos y la que han ayudado a pagar, en parte, muchos de sus seguidores. Si este país cae en recesión, Tiananmen va a ser una fiesta infantil en comparación con lo grande y violentas de las protestas que se pueden desatar. China va a explotar como olla de presión, tarde o temprano.

En Venezuela multaron al único canal opuesto al gobierno que existe en el país, por transmitir imágenes del canal del estado (con minúscula) acerca de la violencia desatada en una cárcel. Esta televisora, cuyo presidente vive en el exilio por causa de un proceso penal inventado por la violación de la Ley de Protección al Consumidor (por vender unos vehículos a unos “precios muy altos”, cuando los automóviles no estaban sujetos a regulación).

Esta sordera, no necesariamente fisiológica, sino intelectual, psicológica y emocional, puede hacer que las protestas se les salgan de las manos y lograr que la crisis económica se transforme en una grave crisis política.

Alto inquisidor de "comunistas"
Tanto en Estados Unidos como en Europa, cuando las democracias no han sido capaces de ejercer un liderazgo certero en situaciones de crisis, ha producido como reacción el surgimiento de movimientos políticos de extrema derecha, manipulados por radicales ultranacionalistas, xenófobos y psicópatas. En Estados Unidos no han podido controlar al gobierno, pero han podido asesinar a dos presidentes, asesinado a una candidato presidencial y a líderes que defendían los derechos civiles (Martin Luther King) y logrado desatar persecuciones políticas como la protagonizada por Edgar J. Hoover en contra de los “comunistas”. En Europa no hacen falta los ejemplos, pero hoy existen movimientos que han sido calificados como terroristas (distintos a ETA) que están logrando posiciones políticas en algunos de los parlamentos.

El reto de los indignados es asumir el rol de soberanos políticamente activos, darle estructura a su protesta y a su acción política sin dejar de presionar a los gobiernos, que exista una agenda definida y que existan voceros válidos y en cuanto a los gobiernos, una auténtica voluntad de diálogo, porque en tiempos difíciles, la honestidad, competencia, transparencia y una clara visión de un futuro mejor que sea posible, puede lograr que se supere cualquier crisis.
  
(*) Guabinoso: Quien actúa como guabina. Dícese de una persona que evade hábilmente asumir una posición definida.

Guabina, pez de agua dulce muy resbaloso y difícil de atrapar con las manos.