La inteligencia es determinante para vivir en felicidad.
Recientemente se ha cuestionado el paradigma de la Inteligencia Racional y se le pretende substituir por un nuevo paradigma que es el de la Inteligencia Emocional. La primera requiere de las personas habilidades particulares en especial el Racionamiento Inductivo y el Deductivo, con los cuales se puede llegar a conocer “la verdad” de manera “objetiva” o lograr la “abstracción” o el uso de la lógica.
En contraposición se habla de la Inteligencia Emocional que algunos señalan como la capacidad de reconocer y controlar las propias emociones para lograr ser exitoso en el manejo de las relaciones que se nos presentan.
Como se señaló en la entrada “La felicidad vs el Dualismo”, esta separación aparente de estas dos competencias conspiran en contra de la unidad real en que funcionan nuestros cerebros, y esta visión olvida que en realidad manejamos tres cerebros en uno, los cuales ejercen su actividad independientemente, al mismo tiempo y también coordinadamente.
Como también se señaló el proceso de evolución cerebral de los humanos nos hace tener en la base del mismo el llamado Cerebro Reptil, que es el encargado de las funciones más primitivas, que lo llamamos así por haberlo heredado de nuestros ancestros reptiles y que se ocupa de nuestras actividades rutinarias o instintivas; se dedica a la acción y vive totalmente ubicado en el presente.
La evolución lo que hizo no fue sustituir a este cerebro porque el mismo garantiza la supervivencia de la especie, pero le superpuso otro cerebro llamado por algunos Límbico (común a los mamíferos), que entre otras cosas maneja toda nuestra realidad emocional, el amor, el odio, la depresión, también la memoria que nos permite traer el pasado al presente; no es que el anterior carezca de memoria, pero es una memoria instintiva como la que está vinculada a las fobias y los miedos.
Por último, el proceso evolutivo, reconociendo la importancia de los dos anteriores, superpuso un tercer cerebro y que es llamado Neocortex (común en los mamíferos superiores), que es la parte superior y externa del cerebro, que como señalamos nos hace seres racionales y permite el manejo del desarrollo social avanzado y por supuesto responsable del uso de la capacidad de análisis, síntesis , razonamiento analógico y el pensamiento crítico y analítico, además del manejo de pensamiento inductivo y deductivo, arriba mencionado. Este cerebro permite adelantarnos a los acontecimientos y nos permite planificar y visualizar el futuro y traerlo al presente, haciendo uso de las experiencias y conocimientos adquiridos en el pasado.
En este escenario la inteligencia, en sentido lato, debe entender esta trilogía que a veces se manifiesta de forma independiente, pero en la mayoría de las ocasiones lo hace coordinada o simultáneamente.
Es cierto que no podemos limitar la inteligencia a lo racional, porque en definitiva los sentimientos y las emociones están siempre presentes y muchas veces engañan a nuestro intelecto o lo confunden, así como nuestro aspecto instintivo y primario, pero también es cierto que requerimos reconocer nuestros sentimientos para poderlos controlar o moderar, para lo cual debemos racionalizarlos de alguna forma y poderlos proyectar hacia el futuro de manera efectiva.
Si fuéramos del todo racional, nos veríamos en graves problema en el manejo de las relaciones humanas, pero si fuéremos todo emociones, no seríamos capaces manejarlas de manera positiva. La verdadera inteligencia logra reconocer ese equilibrio sin olvidar que tiene en lo más profundo de sí un piloto automático (Cerebro Reptilineo), que debe también ser disciplinado y corregido para que nos ayude en los nuevos retos de supervivencia que se nos presentan en el mundo de hoy.
Siempre digo que en mis oraciones encomiendo a los que carecen de inteligencia, porque están expuesto demasiado al fracaso y se les hace difícil encontrarse con la felicidad y con el agravante de que no son capaces de entender el por qué de sus tropiezos, siendo incapaces de adquirir el valioso aprendizaje que las experiencias negativas nos dan.
Sin embargo, coincido con los que han sostenido recientemente que si bien la inteligencia tiene un elemento determinantemente genético o hereditario, la misma se desarrolla con una buena nutrición durante la infancia y con técnicas de aprendizaje, sin que la edad nos impida seguir reforzándola (eso sí con mayor lentitud que en la infancia).Cuando me refiero al aprendizaje no solo me refiero al racional, porque las emociones se aprenden y enriquecen con la vivencia.
Tenemos que entender que el cerebro capitaliza los aprendizajes mediante la creación de nuevas conexiones nerviosas y ese proceso es idéntico para adquirir la habilidad física que requiere un deporte como para el desarrollo de una habilidad intelectual o emocional. Este proceso de creación de conexiones no es instantáneo, requiere tiempo y por esto tenemos que entender que la constancia es nuestra mejor aliada para este fin.
Por todo lo dicho, la felicidad aunque resulta una experiencia Límbica, requiere del reconocimiento de la razón y el instinto y la necesidad contínua de aprender de las experiencias racionales y emocionales para que se haga realidad en nuestras vidas.
La felicidad es una vivencia del hoy, del ahora y no un proyecto o meta futura en si misma. Esta vivencia en el hoy puede referirse al disfrute actual de la remembranza de eventos y experiencias pasadas, como el entusiasmo que vivimos ante proyectos que emprendemos y su visualización en el ahora.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
La Generosidad y El Agradecimiento:

“No seas generoso, si no eres capaz de soportar la ingratitud.”
Muchas veces ha pasado por mi mente que la vida pierde su sentido de ser, si no soy capaz de vivirla en beneficio de otros. Esto no priva que también me ocupo de mí mismo.
Es und eber vivir y actuar conforme a nuestros talentos y carismas para prodigar beneficios a los que nos ordenan sean personas cercanas o distantes.
La verdadera generosidad constituye una liberalidad que otorgamos a otra persona sin esperar ninguna recompensa. En esto de la generosidad tenemos que ser cuidadosos, en el sentido de analizar si nuestra generosidad está dirigida a proteger un interés y no constituye un acto desinteresado, viendo la sombra de nuestros actos o su verdadera intención.
Normalmente las personas que son beneficiarias de la generosidad no tienen la posibilidad de agradecer el gesto o hacerlo en la misma magnitud.
Tampoco tiene mucho mérito ser generoso con los que no lo necesitan; muchas veces se hace por interés.
En una oportunidad me encontré a una persona que tenía poco tiempo de conocerla, en una carretera en plena oscuridad con el vehículo accidentado, pudimos ponerlo a resguardo y lo llevé hasta su casa. Esta persona estaba impresionada por lo que había hecho por ella; cuando nos despedimos me dijo: “¿Qué puedo hacer para agradecerte lo que hicistes por mí? Y yo le contesté: “Muy fácil, ayudando a un desconocido que requiera una ayuda de ti”.
Esta anécdota mi hizo recordar de la película "Pay it Forward",escrita por Jim Beaver, en la que un niño hace un proyecto para su clase de sociales, que consiste en ayudar a 3 personas con el compromiso que el agradecimiento se llevare a cabo mediante la ayuda, por parte del beneficario, a otras 3 personas, quienes a su vez asumirían el mismo compromiso de ayudar a otras 3 y así sucesivamente. Este es un proyecto que no tiene nada de disparatado y que su viabilidad es realmente posible.
La persona generosa es fácil de identificar porque lo es por convicción, manifiesta su generosidad con mucha gente e incluso actúa sin ser evidente, aplicando ese principio que estableció Jesús que decía: “Que tu mano derecha no sepa que hace tu mano izquierda”, porque de lo contrario la generosidad se estaría usando para alimentar la vanidad (fariseismo), con el inconveniente de que la persona beneficiada puede sentirse humillada por el acto de generosidad; y por último, no esperar la gratitud.
La generosidad no está solo en el dar sino también en el acto de entrega a la otra persona. Pienso que toda persona debería dedicar parte de su tiempo semanal a realizar una labor en favor de otros (personas que no pertenezcan a nuestro entorno inmediato), visitar a enfermos, acompañar y escuchar a la persona que lo requieren y que no se haga por un beneficio económico o de otra índole. En este sentido siempre me acuerdo de pregunta que se hacía así mismo José Gregorio Hernández que decía: “¿Soy generoso por caridad o por vanidad?.
En la vida diaria podemos ver la escasa disposición para colaborar en labores “ad honorem” , porque todo lo que hacemos no debe ser por nuestro propio interés y de nuestro allegados. Este rasgo de solidaridad, que tienen muchas personas, nos hace falta para desarrollar valores ciudadanos que son esenciales para la mejora de la convivencia social.
Impresiona mucho cuando suceden tragedias de gran magnitud, como la gente en general colabora con las personas afectadas y la cantidad de personas que se aprestan para los rescates y ayuda médica.
La contrapartida de la generosidad es la gratitud. Aunque la persona verdaderamente generosa no debería esperar la gratitud del beneficiado, le causa satisfacción y alegría y la anima a seguir adelante.
La gratitud tenemos que practicarla a diario porque todos los días recibimos bendiciones, sonrisas, manifestaciones de cariño y el disfrute de todas las bellezas que nos rodean.
Por eso deberíamos hacer una lista de todas las bendiciones recibidas a lo largo de la vida y de los logros que obtenidos por nuestro esfuerzo y dar gracias a Dios por la vida y salud que disponemos y las personas que han sido nuestros compañeros de viaje hasta ahora (la lista no puede ser menor de 50 “items”). El agradecimiento es una manifestación natural de una persona humilde, que reconoce el don o la bendición que ha recibido. El que se siente con derecho a todo, jamás será agradecido.
La gratitud es una característica inherente a una persona bondadosa y constituye la mejor y posiblemente la más resaltante característica de élla, porque esta cualidad suele ser muy escasa.
Por de pronto estoy muy agradecido con todas las personas que me han apoyado a lo largo de mi vida y a Dios por todas las bendiciones recibidas.
jueves, 21 de octubre de 2010
La Felicidad Vs. La Ira (cont.)
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| Bota Fumeiro: Catedral de Santiago de Compostela |
Como señalé en la entrada anterior, el manejo de la ira resulta importante para mantener buenas relaciones interpersonales. Esta competencia está basada en el auto control de esa emoción, salvo en las situaciones de emergencia en las que necesitamos ese empuje extraordinario para sobrevivir.
En el tema del autocontrol encontramos una explicación en un libro, que prestamos y nunca nos devolvieron, que planteaba la teoría bautizada como del péndulo (*).
Como sabemos el péndulo tiene un tiempo, es decir, se desplaza hacia un extremo, pasa por el centro y se desplaza hacia el otro extremo, en una suerte de movimiento perpetuo.
En un extremo del desplazamiento se encuentran las personas que carecen de control de su ira y que ante el más mínimo estímulo, explotan, aquí veremos a los que son agresivos la mayoría del tiempo e incluso los que ladran y no muerden; en el otro extremo se encuentran los “pacíficos”, que aguantan todo lo que les dicen y hacen, también podemos incluir en este lugar a los pasivos-agresivos, que se defienden con cinismo, malas caras, etc.; y en el medio los que logran equilibrar su ira y la administran adecuadamente. Es evidente que existen todas las gamas de grises a las que la humanidad nos tiene acostumbrados.
También tenemos que considerar que dependiendo del contexto en el que nos desenvolvamos sea este el familiar, el social, el laboral, etc., podemos tener diferentes maneras de actuar, siendo pacíficos, en unas o equilibrado o agresivos en otras. A veces sucede que el que aguanta agravios en un contexto determinado, utiliza otro contexto para desahogar su rabia o resentimiento, haciendo que paguen justos por pecadores.
Los del primer extremo no tienen en absoluto control de su ira, viven auto imbuidos en un estrés permanente, sus relaciones humanas son muy pobres y les cuesta conseguir personas que se atrevan si quiera a hacerles alguna observación, no digamos crítica o reclamo.
En el otro extremo tenemos los súper controlados (pueden ser también temerosos o sumisos al extremo); a estos les tengo más miedo por lo del agua mansa. Cuando se está en esta posición se reciben agravios, burlas, incumplimiento de promesas o compromisos y la persona no reacciona hacia fuera, aparentemente o lo hace "por banda". Este grupo también se va cargando de estrés al ir acumulando agravios y rencores que no expresa y al no hacerlo no los resuelve y estimula que se repitan. El peligro con este grupo es que llega un día en que una gota rebasa el vaso y se trasladan violentamente al otro extremo, al de los violentos, pudiendo en estos casos agredir gravemente a otra persona. Estas personas pueden convertirse en “pasivas-agresivas”, es decir, personas que al no confrontar directamente las situaciones que no les agradan, boicotean a las otras personas y a sus acciones y sus declaraciones y acciones se dirigen hacia el fracaso o están llenas de cinismo. Son las que ven con pesimismo la vida y hacen todo lo posible para que su presagio se vuelva realidad (estas últimas las he bautizado como auto coprófagas).
En el otro extremo tenemos los súper controlados (pueden ser también temerosos o sumisos al extremo); a estos les tengo más miedo por lo del agua mansa. Cuando se está en esta posición se reciben agravios, burlas, incumplimiento de promesas o compromisos y la persona no reacciona hacia fuera, aparentemente o lo hace "por banda". Este grupo también se va cargando de estrés al ir acumulando agravios y rencores que no expresa y al no hacerlo no los resuelve y estimula que se repitan. El peligro con este grupo es que llega un día en que una gota rebasa el vaso y se trasladan violentamente al otro extremo, al de los violentos, pudiendo en estos casos agredir gravemente a otra persona. Estas personas pueden convertirse en “pasivas-agresivas”, es decir, personas que al no confrontar directamente las situaciones que no les agradan, boicotean a las otras personas y a sus acciones y sus declaraciones y acciones se dirigen hacia el fracaso o están llenas de cinismo. Son las que ven con pesimismo la vida y hacen todo lo posible para que su presagio se vuelva realidad (estas últimas las he bautizado como auto coprófagas).
Las personas que se encuentran en el centro, controlan la ira, pero la utilizan. Cuando existe una situación que no tiene trascendencia, no le dan importancia y la dejan pasar, es decir, mueven a voluntad el péndulo hacia el extremo de los “pacíficos”; si la situación amerita una actuación, la resuelven con una acción o con un reclamo, en los términos de efectividad que hemos señalado con anterioridad.
Aquí surge una pregunta importante: ¿qué pasa si la persona a la que se le hace el reclamo, no lo escucha o se abstiene de corregirse?. En estos casos la persona equilibrada comienza a mover su péndulo gradualmente hacia el lado de los violentos. Esto lo debe hacer fríamente utilizando una estrategia de incremento paulatino de las hostilidades, buscando que, con la intensificación, la otra persona asimile el mensaje. Esto se puede llevar hasta el punto de armar un lío o un reclamo airado y fuerte, pero en completo control de lo que se dice o se hace.
En un taller preguntó una participante como practicarlo con su marido, (en lo particular pienso que las mujeres tienen muchas armas para dar a entender lo que exigen y son más efectivas que los hombres para lograrlo); la respuesta fue que: lo importante es que en cada paso quede expresado el objetivo que se busca, de manera que se pueda incrementar la acción hasta el extremo último, que es el de poner la maleta en la puerta de la casa -no llegar al sicariato-, y puedas alegar con propiedad: "¡Te lo advertí!".
En un taller preguntó una participante como practicarlo con su marido, (en lo particular pienso que las mujeres tienen muchas armas para dar a entender lo que exigen y son más efectivas que los hombres para lograrlo); la respuesta fue que: lo importante es que en cada paso quede expresado el objetivo que se busca, de manera que se pueda incrementar la acción hasta el extremo último, que es el de poner la maleta en la puerta de la casa -no llegar al sicariato-, y puedas alegar con propiedad: "¡Te lo advertí!".
Cuando se tiene tal nivel de control, la persona puede convertirse en una hábil actora social, que puede llegar al extremo, en alguna circunstancia, de lograr el decideratum señalado por un famoso político y abogado, Luis Jerónimo Pietri, que sostenía lo siguiente: “El patrimonio más grande de una persona es una cara de pendejo bien administrada“. Lo importante es que se haga de forma estratégica para que rinda sus frutos.
Si, a pesar de todo lo que aquí se señala, ya estás en la situación de haberte excedido en la respuesta hacia otra persona, no te queda más que buscar resolver la situación a través del perdón y así poder construir un nuevo "modus vivendi" con esa persona.
Lo importante es que para poder mantener el equilibrio se requiere ser exitoso en la expresión adecuada de nuestro malestar y en la efectividad de la estrategia de incremento de las hostilidades. En la medida de que seamos más efectivos en el manejo de estas situaciones, viviremos más tranquilos y relajados y esa paz nos ayudará a sentirnos empoderados, pro activos, con una sabia autoestima, la cual va a ser respetada por los demás y por ende imbuidos en felicidad.
(*) En un evento acerca de Manejo de Conflictos se usaba el símil para ilustrar que en algunas circunstancias un estímulo relativamente pequeño (se empujaba la parte superior del péndulo), el efecto era muy grande (la parte inferior del péndulo recorre una gran distancia de un lado a otro).
(*) En un evento acerca de Manejo de Conflictos se usaba el símil para ilustrar que en algunas circunstancias un estímulo relativamente pequeño (se empujaba la parte superior del péndulo), el efecto era muy grande (la parte inferior del péndulo recorre una gran distancia de un lado a otro).
miércoles, 13 de octubre de 2010
La Felicidad vs. La Ira

La ira es una de las emociones primigenias del ser humano y que le ayudó a lo largo de la historia a sobrevivir, al permitirle poner de manifiesto el máximo de violencia que podía desatar para su defensa y de lo que consideraba más preciado.
Es tan antigua que en los primeros pasajes de la biblia, los celos y la envidia de Caín lo llevan a desatar la ira y a asesinar a su propio hermano Abel.
Esta violencia que despliega un ataque de ira no sólo se manifiesta físicamente sino también verbalmente y casi siempre lo hace de manera descontrolada y con resultados que exceden normalmente al estímulo que la ha provocado.
Entendiendo pues, que ese monstruo que llevamos por dentro, es necesario para situaciones extremas, debemos mantenerlo con una cuerda muy corta y con bozal incluido para las demás ocasiones.
Si no le ponemos control, generalmente nos vamos a arrepentir de lo que hicimos o dijimos y posiblemente no logremos ningún objetivo deseable con nuestra actitud. Podemos incluso romper relaciones válidas para nuestras vidas al no poder deshacer lo sucedido ni recoger las palabras dichas. Como dijo Miguel de Unamuno a una horda franquista que quería lincharlo en la Universidad de Salamanca: “Venceréis, pero no convenceréis”. En el caso de que tengas la razón de tu parte no debes olvidar: La razón se convierte en sin razón debido a la violencia (“La violencia es el arma de los que no tienen razón”, esto no es solo un dicho, es un prejuicio en muchos casos cierto).
Evidentemente, las dinámicas que nos tocan vivir en el mundo moderno son muy distintas a las de la antigüedad, salvo que vivamos en ambientes con altos niveles de violencia.
Hay autores que señalan que la ira (o la cólera) se puede desatar cuando existen entre la persona ofensora y la ofendida una relación autoridad-subordinación, lo cual es cierto; más te ofende lo que pueda decir de ti el maestro o un padre que un hermano o un compañero de clases.
Sin embargo, estamos más dados a verlo desde un punto de vista de una relación de poder. Si bien es cierto que en el contexto de una relación de autoridad –subordinación se puede generar una ofensa particularmente hiriente (cuando es de abajo hacia arriba puede ser considerado como una insolencia), en realidad lo que resulta necesario es que el ofendido ponga en manos del ofensor el poder para causarle daño, sin importar la ubicación relativa de uno u otro.
Tengo una frase que uso en este sentido: “No nos ofende quien quiere, sino quien puede”.
Entonces, para que haya la ofensa debe el ofendido haberle conferido el poder o la autoridad al ofensor para hacerlo, no es una autoridad o poder formal, necesariamente.
Esto no se resuelve desconociéndole autoridad a nadie, porque los seres humanos requerimos, para formar nuestra propia personalidad, de referentes morales, intelectuales, y de esfuerzo o empeño y que los mismos tengan cierta validez y permanencia en el tiempo, sin que esto implique que seamos incapaces de verlos como seres humanos imperfectos, pero positivamente balanceados. Cuando hablo de los referentes no los califico de negativos o positivos, porque seguimos a los que percibimos positivos, aunque en opinión de otros sean de signo contrario.
En talleres suelo preguntar a los asistentes, en cuanto a este asunto, lo siguiente: ¿Cuál es la respuesta que ustedes le dan a una persona desconocida totalmente ebria que los insulta? Si el insulto es capaz de molestarlos, están en graves problemas, porque están entregando poder a alguien que no tiene ninguna relación con ustedes y sus palabras carecen de toda trascendencia.
La dificultad está cuando las personas que nos increpan están muy cerca de nosotros o constituyen lo que he dado en llamar parte de nuestras relaciones obligatorias o necesarias (como las que se generan en virtud del trabajo, las de los amigos o las de familia). Aquí se complican las cosas. Pero este reto nos exige manejar herramientas de comunicación y de escucha activa que nos pueden ayudar a manejar incluso reclamos de cierta gravedad y ser efectivos.
Para el logro del objetivo se requiere tener el control de la situación.
El tema de control puede ser percibido como una neurosis, es decir, una obsesión de controlar todo lo que pasa, a todas las personas o lo que vamos a enfrentar en el futuro.
El control a que hago referencia es el que ejercemos sobre nosotros mismos. La forma más fácil de hacerlo es así: si alguien nos ofende de alguna forma, debemos de inmediato evaluarnos e identificar el surgimiento de la rabia (esto requiere disciplina y entrenamiento); si estamos en esa situación debemos quedarnos callados y si es necesario, retirarnos del sitio. En todo caso expresar algo así: “Hoy no voy a hablar del tema, mañana si”.
Este espacio que abres es para retomar el control sobre ti mismo y prepararte para la respuesta que vas a dar. Tengo otro consejo y es el siguiente: “Mientras más grosero es el estímulo, más delicada y educada debe ser la respuesta.”
También hay que ser un buen observador de la otra persona. Si estamos en control pero vemos que la otra persona no lo está, también debemos diferir la conversación, puesto que el resultado de la misma muy probablemente va a ser infructuoso o negativo.
Cuando la paz y el equilibrio se restablece, se puede presentar un reclamo, en el cual debe omitirse todo calificativo de la otra persona, circunscribirlo a hechos comprobables y reportar como éstos hechos nos afectan o nos han afectado emocionalmente. Entiendo que este tema tiene una profundidad propia y que merece atención especial.
Una vez me sucedió que una persona me hizo un reclamo tan injusto y de forma tan grosera, que decidí retirarme del sitio sin decir nada. Dos días después escribí una carta de “reclamo”, en la cual decía algo así:
“En días pasados me hizo un reclamo de forma inapropiada.” Fue la palabra más suave y educada que encontré para ese momento. A renglón seguido le manifesté, con hechos comprobables, lo injusto del reclamo (sin calificarlo de tal). Al recibir la carta la persona en cuestión, me llamó de inmediato por teléfono para disculparse por lo que había pasado e invitándome a tomar un café en compañía de su señora. Nos reunimos a tomar el café y a partir de allí, esta persona cambió radicalmente su trato hacia todas las personas que antes se quejaban de su mal carácter.
Es de un buen cristiano crear el ambiente adecuado para que la persona que ha cometido el error pueda disculparse, pueda incluso corregirlo con elegancia, si es posible, y logre un desplazamiento favorable de sí mismo, en beneficio de quienes los rodean.
A veces no nos encontramos personas que tengan la nobleza de reconocer sus errores y para ello hace falta usar un técnica que se basa en la teoría del péndulo...... Pero de este tema seguiré hablando en la próxima entrada.
martes, 5 de octubre de 2010
La Felicidad y la Urbe:

Los seres humanos podemos discrepar acerca de cual es el lugar más adecuado para ser felices, la ciudad o la provincia; lo cierto es que a medida que avanzan los tiempos, cada vez hay más personas que vivimos en grandes ciudades y menos en el campo o en pequeñas poblaciones.
Esto se debe, entre otras cosas, a que las necesidades alimentarias de la sociedad y la globalización comercial, exigen que la producción agrícola y pecuaria no sólo cumpla con una mayor producción sino con una mayor productividad, para lo cual se requiere de la utilización de extensas áreas de terreno en producción con el uso de cada vez mayor tecnología en detrimento del uso de mano de obra, que la obliga a buscar trabajo en las ciudades.
En este contexto requerimos crear nuevos paradigmas acerca de cómo debe ser la vida en la ciudad, de forma que propenda a una mayor felicidad de sus habitantes y más cuando el número de habitantes promedio cada vez es más cercano a una decena de millones de habitantes.
Vivir en una gran ciudad va, en principio, en contra de la capacidad de socialización para la que estamos diseñados genéticamente. Dicen los expertos en la materia que el número máximo de relaciones que puede mantener un ser humano no excede de las 150 personas, es decir, que nuestras mentes sólo conciben pertenecer a una tribu no mayor de ese número. Estos mismos expertos señalan que en prácticamente todos los ejércitos existen batallones que no exceden los 150 soldados, puesto que es el límite que la experiencia ha dado para que un ejercito pueda funcionar razonablemente.
La realidad urbana nos obliga, en la mayoría de casos, a vivir en edificios que superan este número de personas. Esta sobrepoblación a nivel micro, o excesiva densidad poblacional, nos produce una situación de estrés que puede devenir en toda clase de conflictos.
Otro aspecto fundamental es la cantidad y calidad de los servicios básicos de los que dispone una comunidad urbana; la ausencia o deficiencia de los mismos nos afecta gravemente.
El otro aspecto que resulta determinante es la contaminación (de la tierra, del aire, aguas y sónica), que recientemente ha tomado una importancia capital, porque a partir de la revolución industrial el tema se centraba en como se pueden desalojar los deshechos sólidos, los líquidos, etc., cuando en estos tiempos tenemos la necesidad de disminuir la contaminación, reciclar los desperdicios y sanear los terrenos y aguas que contaminamos, puesto que el planeta se nos ha hecho pequeño e incapaz, cada vez más de “metabolizar” los deshechos de la actividad humana.
Recientemente hubo una cumbre de la tierra para revisar el avance a partir del Protocolo de Kyoto (cuyos objetivos no fueron logrados) y su resultado fue boicoteado por un pequeño grupo, entre los que estaban quienes no habían asumido ningún compromiso ambiental con la humanidad, en beneficio de los mayores contaminadores del planeta, quienes salieron de dicha reunión sin una clara responsabilidad hacia el futuro.(ver presentación acerca del crecimiento poblacional abajo)
En nuestra opinión, se debe asumir que la causa fundamental del problema de la contaminación del planeta es el crecimiento paulatino de la población, si no se limita de alguna forma el problema, será cada vez peor; además de todos los demás compromisos necesarios en cuanto a la producción de bienes que propendan a una menor contaminación y que nos permitan su reciclaje y en las tecnologías que disminuyen las emanaciones o efluentes y desperdicios tóxicos que degradan el ambiente o los sistemas de saneamiento de lo que se haya contaminado.
Entendemos que estos temas son de tal magnitud que no están en nuestras manos solventarlos, pero si tenemos la responsabilidad de modificar nuestros personales hábitos culturales para orientarlos hacia el reciclaje y la disminución de nuestro aporte de contaminación. Podemos por ejemplo, acumular los papeles y cartones, botellas para el reciclaje; utilizar bolsas reutilizables en el mercado, ahorrar electricidad y caminar en vez de usar el automóvil cuando las distancias nos lo permitan.
Las demás acciones deben dirigirse hacia nuestra actuación política, en el sentido de apoyar los liderazgos que propendan a la mejora ambiental y por ende de nuestra calidad de vida.
En este sentido ha surgido una tendencia que contrapone la concepción de la ciudad al estilo Norteamericano con una concepción más europea. La ciudad norteamericana fue concebida básicamente como el lugar de trabajo rodeada de ciudades satélites dedicadas principalmente a la vivienda (suburbios), con lo cual se le dio una mayor preponderancia al automóvil como medio de transporte y en algunos casos, al congestionarse de manera insostenibles las ciudades, complementado con medios de transporte masivos como son el autobús y el metro. Esto las ha llevado a un incremento cada vez mayor de avenidas y superautopistas que por más que crezcan, nunca resultan suficientes para solventar el cada vez más grave problema de tránsito.
La ciudad europea y en especial la de los tiempos modernos, es para vivir y trabajar en ella; las ciudades por su antigüedad no permiten ampliaciones de calles y avenidas y más porque implicaría la destrucción de edificaciones que en muchos casos forman parte del patrimonio histórico y cultural de la humanidad y con muy pocos espacios para el estacionamiento de vehículos; en esta circunstancia no les ha quedado más que desarrollar sistemas de transporte público masivos para poder trasladar a la gran mayoría de sus habitantes; solo se permita el acceso a la ciudad a vehículos de personas que habitan en élla o se imponen peajes y facilidades de estacionamiento con altísimo costo, para desestimular el uso de automóviles. Cuando se le pone límites a la circulación de automóviles se puede pensar en ampliar las aceras y bulevares para dar prioridad al peatón, se pueden crear vías para la circulación de bicicletas, estimulando al peatón para que circule por su ciudad y se relacione con las personas que viven el élla.
En este sentido hay estrategias adicionales que se pueden implementar: preservar y estimular la conservación de los edificios antiguos o no de la ciudad y además tener un ordenamiento arquitectónico de manera que lo nuevo, que se construya, se haga de una manera grata, bella e incluso ergonómica, respetando las necesidades de circulación de personas mayores o con discapacidades (cuesta casi lo mismo hacer una edificación fea que una hermosa) y crear, mantener e incrementar las áreas verdes, parques, canchas deportivas y todo tipos de instalaciones y edificaciones destinadas al entretenimiento de las personas y poner a disposición de los habitantes las escuelas, dispensarios, hospitales y demás entidades de servicio, accesibles y distribuidas equitativamente en toda la ciudad. Estos planes no deben ser solo para las zonas centrales sino que deben hacerse de manera prioritaria para zonas en donde vivan personas con menores recursos, puesto que la mejora de la calidad de vida en la ciudad propenderá a una mayor felicidad de sus habitantes y a la mejora de problemas tan serios como el tráfico y consumo de drogas y la delincuencia.
Esto de lo que hablamos no es un sueño, solo basta visitar muchas ciudades europeas que ya funcionan con estos principios y algunas en Latinoamérica que están evolucionando para que sus habitantes vivan en felicidad.
Nota: Este video me lo envió un seguidor del blog y demuestra, en opinión del conferenciasta, que en la medida de que se mejoran las condiciones de vida en los paises en desarrollo, se incrementa la expectativa de vida y se disminuye la cantidad de hijos en cada familia propendiendo a una población más estable en el tiempo.
jueves, 30 de septiembre de 2010
La Felicidad y la Confrontación:
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| Aunque estemos separados por nuestros paradigmas y formas de pensar, seguimos unidos por el amor. |
La confrontación es deseable para el mantenimiento de un ambiente de Cultura de Paz, cuando se orienta a resolver una situación o producir un cambio positivo. Para que sea posible, debe existir el respecto de ciertas reglas o normas básicas de convivencia.
La Cultura de Paz asume la presencia de la confrontación, como natural de la convivencia y se debe aceptar la misma como deseable y positiva.
Los seres humanos hemos sido creados iguales salvo en lo que se refiere a la forma de actuar, pensar y de sentir.
Por esto debemos partir del reconocimiento de esas diferencias, de su aceptación, mientras no atenten en contra de la convivencia social, actuando en lo que en cultura de paz se conoce como aceptación de la ”otredad” (tolerancia).
La confrontación se presenta cuando dos posiciones contrarias se ponen una enfrente de la otra y por tanto resulta importante que la misma sea resuelta. La resolución no implica que una posición se imponga sobre la otra; puede ser que una parte convenza a la otra, pero si no es posible, es válido que se mantenga la diferencia, logrando algunos consensos en otros aspectos sobre los que exista coincidencia, y en los términos de tolerancia que hemos señalado; en estos casos, el hecho de que se mantenga un canal de comunicación es suficiente para que la diferencia no se transforme en un conflicto grave.
Evidentemente, para mantener un ambiente de Cultura de Paz, las partes deben disponer de herramientas de comunicación adecuadas, o como son llamadas también, competencias conversacionales (de las que haremos referencia más detallada en otra ocasión), que incluyen no solo una adecuada forma de expresión sino también una escucha activa; éstas habilidades o competencias deben estar aderezadas con la empatía (que según wikipedia es: “Es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.”).
Aquí resulta importante señalar que la capacidad de reclamar y lograr un resultado efectivo y constructivo, mantiene no solo el canal de comunicación y el respecto entre las personas, sino que permite mantener esa empatía o relación afectiva y la confianza necesarias para que las personas logren acuerdos o soluciones sino que les resulte valioso e importante hacerlo porque en el fondo se encuentra la necesidad de mantener el vínculo afectivo que las une.
Cuando ese elemento afectivo de conexión, pertenencia, amor, solidaridad se resquebraja se pierde el interés y se vuelve indiferente para las personas que se rompa definitivamente la relación.
Como abogado me ha tocado ser testigo de divorcios que se resuelven como si se estuviera el lugar donde se va a pasar el próximo fin de semana, como algo totalmente vanal y sin importancia, como si se echara a la basura unas flores que se secaron en un jarrón......
La disposición para poner sobre la mesa asuntos conflictivos con miras a su resolución y el manejo de las señaladas competencias tiene una importancia fundamental en nuestras vidas, al permitirnos tener relaciones interpersonales más fluidas y extensible también a relaciones grupales que incluyen la familia, el vecindario, la sociedad, el país y trasciende a las relaciones internacionales a nivel planetario. Esta disposición es uno de los elementos identificatorios de la presencia de la inteligencia emocional en las personas.
Para muchos la situación de conflicto resulta tan desagradable que tratan de evitarla a toda costa, pero esto trae en muchas circunstancias una acumulación de agravios y resentimientos que pueden dar lugar reacciones tan violentas y descontroladas como una guerra.
Por el contrario, la resolución de un conflicto trae satisfacciones a los que la logran. Es como dicen algunas parejas: “lo mejor de una pelea es la reconciliación”. Aquí se requiere el valor para plantear el reclamo (expresado adecuadamente) para establecer la situación de conflicto y de allí buscar una solución, convenida, concertada o en todo caso asumir que la situación no tiene remedio y actuar en consecuencia.
Saber manejar el reclamo y el conflicto con una clara voluntad de crear cada día un mundo mejor es indispensable para una auténtica vivencia de la felicidad en un marco de Cultura de Paz..
miércoles, 22 de septiembre de 2010
La Felicidad vs la Quejadera
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| A pesar de su discapacidad, sabe disfrutar del momento |
Es importante disponer de una adecuada actitud para poder vivir en felicidad.
Una de las actitudes contrarias a dicho objetivo es la de quejarse de todo lo que pasa y lo que nos rodea.
A veces esta actitud se debe a que tenemos una apreciación sublimada de nosotros mismos y pensamos que sólo lo que hacemos o somos es realmente perfecto, en contradicción a la imperfección que nos rodea; o que nuestra forma de pensar o de actuar la vemos como la única y válida, rechazando cualquier forma distinta de hacer y de pensar.
Puede ser que veamos, o creamos ver, en otras partes o en otros tiempos bondades que no vemos en el hoy y en el ahora. También puede deberse a que nos hemos quedado atados a un recuerdo o situación del pasado, relacionándolo con momentos felices o que percibíamos como perfectos y que pretendemos extrapolarlos, libres de negatividad alguna, al presente; o en última instancia, porque proyectamos nuestras frustraciones, tristezas o contrariedades hacia todo lo que nos rodea.
No pretendemos negar la existencia de la insatisfacción frente a lo que sucede a nuestro alrededor, pero afirmamos que la actitud ante tal disconformidad no puede limitarse a un simple comentario negativo, sino a una actitud positiva dirigida a mejorara la la realidad.
La tercera ley de la termodinamia nos enseña que todo en el universo tiende al desorden; por otra parte el orden requiere un gran consumo de energía; en esta circunstancia debemos ser actores entusiastas del avance y mejoramiento de las cosas y no pasivos observadores y cronistas perniciosos del deterioro natural.
Esto nos pone en la posición de dejar de dedicarnos a asignar culpas a otros o a las circunstancias, a eso que sucede o nos sucede vinculado con el entorno (personas y ambiente) que consideramos negativo o desfavorable, sino que asumamos nuestra propia responsabilidad, en el sentido de usar nuestro esfuerzo de manera programada y estratégica para influir en ese entorno para mejorarlo, siempre con una visión positiva de los aspectos favorables que también existen en esa realidad.
Esto nos pide que nos evaluemos como observadores de la realidad, porque élla es en gran parte como la percibimos. Si la actitud es prejuiciada o negativa "ad initio" nuestra percepción también lo va a ser.
Tampoco debemos asumir una actitud titánica, en el sentido de que pensemos que todo lo que nos rodea podemos cambiarlo, sino que aceptemos que hay cosas que no están en nuestras manos cambiarlas o que requieren que sumemos voluntades con otros, lo cual exige que apoyemos a esos otros o lideremos un proceso de cambio para actuar en la medida de nuestras posibilidades, por una parte y por la otra, ser protagonistas de cambios que están en nuestras manos personalmente.
Muchas veces la queja no es más que la manifestación de la omisión de un reclamo productivo, que es aquel que hecho de forma adecuada (educada) y por ante la persona con suficiente poder o autoridad para resolverla, puede lograr el resultado deseado.
Un reclamo que no esté dirigido al logro de tal objetivo, resulta negativo e inútil y sería mejor omitirlo.
Cuando nuestra actitud está orientada a la queja, debemos evaluarnos con preocupación porque al no ser capaces de encontrar la belleza y virtudes de las circunstancias y personas que nos toca vivir o cruzarnos en nuestro camino, tendremos un claro signo de alejamiento del camino de felicidad que nos toca vivir.
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