martes, 5 de octubre de 2010

La Felicidad y la Urbe:


Los seres humanos podemos discrepar acerca de cual es el lugar más adecuado para ser felices, la ciudad o la provincia; lo cierto es que a medida que avanzan los tiempos, cada vez hay más personas que vivimos en grandes ciudades y menos en el campo o en pequeñas poblaciones.
Esto se debe, entre otras cosas, a que las necesidades alimentarias de la sociedad y la globalización comercial, exigen que la producción agrícola y pecuaria no sólo cumpla con una mayor producción sino con una mayor productividad, para lo cual se requiere de la utilización de extensas áreas de terreno en producción con el uso de cada vez mayor tecnología en detrimento del uso de mano de obra, que la obliga a buscar trabajo en las ciudades.
En este contexto requerimos crear nuevos paradigmas acerca de cómo debe ser la vida en la ciudad, de forma que propenda a una mayor felicidad de sus habitantes y más cuando el número de habitantes promedio cada vez es más cercano a una decena de millones de habitantes.
Vivir en una gran ciudad va, en principio, en contra de la capacidad de socialización para la que estamos diseñados genéticamente. Dicen los expertos en la materia que el número máximo de relaciones que puede mantener un ser humano no excede de las 150 personas, es decir, que nuestras mentes sólo conciben pertenecer a una tribu no mayor de ese número. Estos mismos expertos señalan que en prácticamente todos los ejércitos existen batallones que no exceden los 150 soldados, puesto que es el límite que la experiencia ha dado para que un ejercito pueda funcionar razonablemente.
La realidad urbana nos obliga, en la mayoría de casos, a vivir en edificios que superan este número de personas. Esta sobrepoblación a nivel micro, o excesiva densidad poblacional, nos produce una situación de estrés que puede devenir en toda clase de conflictos.
Otro aspecto fundamental es la cantidad y calidad de los servicios básicos de los que dispone una comunidad urbana; la ausencia o deficiencia de los mismos nos afecta gravemente.
El otro aspecto que resulta determinante es la contaminación (de la tierra, del aire, aguas y sónica), que recientemente ha tomado una importancia capital, porque a partir de la revolución industrial el tema se centraba en como se pueden desalojar los deshechos sólidos, los líquidos, etc., cuando en estos tiempos tenemos la necesidad de disminuir la contaminación, reciclar los desperdicios y sanear los terrenos y aguas que contaminamos, puesto que el planeta se nos ha hecho pequeño e incapaz, cada vez más de “metabolizar” los deshechos de la actividad humana.
Recientemente hubo una cumbre de la tierra para revisar el avance a partir del Protocolo de Kyoto (cuyos objetivos no fueron logrados) y su resultado fue boicoteado por un pequeño grupo, entre los que estaban quienes no habían asumido ningún compromiso ambiental con la humanidad, en beneficio de los mayores contaminadores del planeta, quienes salieron de dicha reunión sin una clara responsabilidad hacia el futuro.(ver presentación acerca del crecimiento poblacional abajo)
En nuestra opinión, se debe asumir que la causa fundamental del problema de la contaminación del planeta es el crecimiento paulatino de la población, si no se limita de alguna forma el problema, será cada vez peor; además de todos los demás compromisos necesarios en cuanto a la producción de bienes que propendan a una menor contaminación y que nos permitan su reciclaje y en las tecnologías que disminuyen las emanaciones o efluentes y desperdicios tóxicos que degradan el ambiente o los sistemas de saneamiento de lo que se haya contaminado.
Entendemos que estos temas son de tal magnitud que no están en nuestras manos solventarlos, pero si tenemos la responsabilidad de modificar nuestros personales hábitos culturales para orientarlos hacia el reciclaje y la disminución de nuestro aporte de contaminación. Podemos por ejemplo, acumular los papeles y cartones, botellas para el reciclaje; utilizar bolsas reutilizables en el mercado, ahorrar electricidad y caminar en vez de usar el automóvil cuando las distancias nos lo permitan.
Las demás acciones deben dirigirse hacia nuestra actuación política, en el sentido de apoyar los liderazgos que propendan a la mejora ambiental y por ende de nuestra calidad de vida.
En este sentido ha surgido una tendencia que contrapone la concepción de la ciudad al estilo Norteamericano con una concepción más europea. La ciudad norteamericana fue concebida básicamente como el lugar de trabajo rodeada de ciudades satélites dedicadas principalmente a la vivienda (suburbios), con lo cual se le dio una mayor preponderancia al automóvil como medio de transporte y en algunos casos, al congestionarse de manera insostenibles las ciudades, complementado con medios de transporte masivos como son el autobús y el metro. Esto las ha llevado a un incremento cada vez mayor de avenidas y superautopistas que por más que crezcan, nunca resultan suficientes para solventar el cada vez más grave problema de tránsito.
La ciudad europea y en especial la de los tiempos modernos, es para vivir y trabajar en ella; las ciudades por su antigüedad no permiten ampliaciones de calles y avenidas y más porque implicaría la destrucción de edificaciones que en muchos casos forman parte del patrimonio histórico y cultural de la humanidad y con muy pocos espacios para el estacionamiento de vehículos; en esta circunstancia no les ha quedado más que desarrollar sistemas de transporte público masivos para poder trasladar a la gran mayoría de sus habitantes; solo se permita el acceso a la ciudad a vehículos de personas que habitan en élla o se imponen peajes y facilidades de estacionamiento con altísimo costo, para desestimular el uso de automóviles. Cuando se le pone límites a la circulación de automóviles se puede pensar en ampliar las aceras y bulevares para dar prioridad al peatón, se pueden crear vías para la circulación de bicicletas, estimulando al peatón para que circule por su ciudad y se relacione con las personas que viven el élla.
En este sentido hay estrategias adicionales que se pueden implementar: preservar y estimular la conservación de los edificios antiguos o no de la ciudad y además tener un ordenamiento arquitectónico de manera que lo nuevo, que se construya, se haga de una manera grata, bella e incluso ergonómica, respetando las necesidades de circulación de personas mayores o con discapacidades (cuesta casi lo mismo hacer una edificación fea que una hermosa) y crear, mantener e incrementar las áreas verdes, parques, canchas deportivas y todo tipos de instalaciones y edificaciones destinadas al entretenimiento de las personas y poner a disposición de los habitantes las escuelas, dispensarios, hospitales y demás entidades de servicio, accesibles y distribuidas equitativamente en toda la ciudad. Estos planes no deben ser solo para las zonas centrales sino que deben hacerse de manera prioritaria para zonas en donde vivan personas con menores recursos, puesto que la mejora de la calidad de vida en la ciudad propenderá a una mayor felicidad de sus habitantes y a la mejora de problemas tan serios como el tráfico y consumo de drogas y la delincuencia.
Esto de lo que hablamos no es un sueño, solo basta visitar muchas ciudades europeas que ya funcionan con estos principios y algunas en Latinoamérica que están evolucionando para que sus habitantes vivan en felicidad.
Nota: Este video me lo envió un seguidor del blog y demuestra, en opinión del conferenciasta, que en la medida de que se mejoran las condiciones de vida en los paises en desarrollo, se incrementa la expectativa de vida y se disminuye la cantidad de hijos en cada familia propendiendo a una población más estable en el tiempo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La Felicidad y la Confrontación:

Aunque estemos separados por nuestros paradigmas y
formas de pensar, seguimos unidos por el amor.
La confrontación es deseable para el mantenimiento de un ambiente de Cultura de Paz, cuando se orienta a resolver una situación o producir un cambio positivo. Para que sea posible, debe existir el respecto de ciertas reglas o normas básicas de convivencia.

La Cultura de Paz asume la presencia de la confrontación, como natural de la convivencia y se debe aceptar la misma como deseable y positiva.

Los seres humanos hemos sido creados iguales salvo en lo que se refiere a la forma de actuar, pensar y de sentir.
 Por esto debemos partir del reconocimiento de esas diferencias, de su aceptación, mientras no atenten en contra de la convivencia social, actuando en lo que en cultura de paz se conoce como aceptación de la ”otredad” (tolerancia).

La confrontación se presenta cuando dos posiciones contrarias se ponen una enfrente de la otra y por tanto resulta importante que la misma sea resuelta. La resolución no implica que una posición se imponga sobre la otra; puede ser que una parte convenza a la otra, pero si no es posible, es válido que se mantenga la diferencia, logrando algunos consensos en otros aspectos sobre los que exista coincidencia, y en los términos de tolerancia que hemos señalado; en estos casos, el hecho de que se mantenga un canal de comunicación es suficiente para que la diferencia no se transforme en un conflicto grave. 

Evidentemente, para mantener un ambiente de Cultura de Paz, las partes deben disponer de herramientas de comunicación adecuadas, o como son llamadas también, competencias conversacionales (de las que haremos referencia más detallada en otra ocasión), que incluyen no solo una adecuada forma de expresión sino también una escucha activa; éstas habilidades o competencias deben estar aderezadas con la empatía (que según wikipedia es: “Es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.”).

Este capacidad empática se sustenta también en el respeto y la solidaridad, que son valores de Cultura de Paz .

Aquí resulta importante señalar que la capacidad de reclamar y lograr un resultado efectivo y constructivo, mantiene no solo el canal de comunicación y el respecto entre las personas, sino que permite mantener esa empatía o relación afectiva y la confianza necesarias para que las personas logren acuerdos o soluciones sino que les resulte valioso e importante hacerlo porque en el fondo se encuentra la necesidad de mantener el vínculo afectivo que las une. 

Cuando ese elemento afectivo de conexión, pertenencia, amor, solidaridad se resquebraja se pierde el interés y se vuelve indiferente para las personas que se rompa definitivamente la relación.

Como abogado me ha tocado ser testigo de divorcios que se resuelven como si se estuviera el lugar donde se va a pasar el próximo fin de semana, como algo totalmente vanal y sin importancia, como si se echara a la basura unas flores que se secaron en un jarrón......

La disposición para poner sobre la mesa asuntos conflictivos con miras a su resolución y el manejo de las señaladas competencias tiene una importancia fundamental en nuestras vidas, al permitirnos tener relaciones interpersonales más fluidas y extensible también a relaciones grupales que incluyen la familia, el vecindario, la sociedad, el país y trasciende a las relaciones internacionales a nivel planetario. Esta disposición es uno de los elementos identificatorios de la presencia de la inteligencia emocional en las personas.

En estos días hemos visto como una elección y más cuando cuenta con una asistencia nutrida, ha demostrado ser un mecanismo válido para dirimir diferencias o como una forma de poner en evidencia que existe un conflicto sobre la mesa que debemos resolver.

Para muchos la situación de conflicto resulta tan desagradable que tratan de evitarla a toda costa, pero esto trae en muchas circunstancias una acumulación de agravios y resentimientos que pueden dar lugar reacciones tan violentas y descontroladas como una guerra. 

Por el contrario, la resolución de un conflicto trae satisfacciones a los que la logran. Es como dicen algunas parejas: “lo mejor de una pelea es la reconciliación”. Aquí se requiere el valor para plantear el reclamo (expresado adecuadamente) para establecer la situación de conflicto y de allí buscar una solución, convenida, concertada o en todo caso asumir que la situación no tiene remedio y actuar en consecuencia.

Saber manejar el reclamo y el conflicto con una clara voluntad de crear cada día un mundo mejor es indispensable para una auténtica vivencia de la felicidad en un marco de Cultura de Paz..

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La Felicidad vs la Quejadera

A pesar de su discapacidad,
sabe disfrutar del momento
Es importante disponer de una adecuada actitud para poder vivir en felicidad.

Una de las actitudes contrarias a dicho objetivo es la de quejarse de todo lo que pasa y lo que nos rodea.

A veces esta actitud se debe a que tenemos una apreciación sublimada de nosotros mismos y pensamos que sólo lo que hacemos o somos es realmente perfecto, en contradicción a la imperfección que nos rodea; o que nuestra forma de pensar o de actuar la vemos como la única y válida, rechazando cualquier forma distinta de hacer y de pensar.

Puede ser que veamos, o creamos ver, en otras partes o en otros tiempos bondades que no vemos en el hoy y en el ahora. También puede deberse a que nos hemos quedado atados a un recuerdo o situación del pasado, relacionándolo con momentos felices o que percibíamos como perfectos y que pretendemos extrapolarlos, libres de negatividad alguna, al presente; o en última instancia, porque proyectamos nuestras frustraciones, tristezas o contrariedades hacia todo lo que nos rodea.

No pretendemos negar la existencia de la insatisfacción frente a lo que sucede a nuestro alrededor, pero afirmamos que la actitud ante tal disconformidad no puede limitarse a un simple comentario negativo, sino a una actitud positiva dirigida a mejorara la la realidad.

La tercera ley de la termodinamia nos enseña que todo en el universo tiende al desorden; por otra parte el orden requiere un gran consumo de energía; en esta circunstancia debemos ser actores entusiastas del avance y mejoramiento de las cosas y no pasivos observadores y cronistas perniciosos del deterioro natural.

Esto nos pone en la posición de dejar de dedicarnos a asignar culpas a otros o a las circunstancias, a eso que sucede o nos sucede vinculado con el entorno (personas y ambiente) que consideramos negativo o desfavorable, sino que asumamos nuestra propia responsabilidad, en el sentido de usar nuestro esfuerzo de manera programada y estratégica para influir en ese entorno para mejorarlo, siempre con una visión positiva de los aspectos favorables que también existen en esa realidad. 

Esto nos pide que nos evaluemos como observadores de la realidad, porque élla es en gran parte como la percibimos. Si la actitud es prejuiciada o negativa "ad initio" nuestra percepción también lo va a ser.

Tampoco debemos asumir una actitud titánica, en el sentido de que pensemos que todo lo que nos rodea podemos cambiarlo, sino que aceptemos que hay cosas que no están en nuestras manos cambiarlas o que requieren que sumemos voluntades con otros, lo cual exige que apoyemos a esos otros o lideremos un proceso de cambio para actuar en la medida de nuestras posibilidades, por una parte y por la otra, ser protagonistas de cambios que están en nuestras manos personalmente.

Muchas veces la queja no es más que la manifestación de la omisión de un reclamo productivo, que es aquel que hecho de forma adecuada (educada) y por ante la persona con suficiente poder o autoridad para resolverla, puede lograr el resultado deseado.

Un reclamo que no esté dirigido al logro de tal objetivo, resulta negativo e inútil y sería mejor omitirlo.

Cuando nuestra actitud está orientada a la queja, debemos evaluarnos con preocupación porque al no ser capaces de encontrar la belleza y virtudes de las circunstancias y personas que nos toca vivir o cruzarnos en nuestro camino, tendremos un claro signo de alejamiento del camino de felicidad que nos toca vivir.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La Felicidad y El Dinero

Hay quien todavía sostiene que el dinero no logra la felicidad.
¡Craso error!.
No es garantía de felicidad, pero sin él, no sería posible lograrla.
El maestro Alfredo Fernández Porras sostiene que el dinero es un facilitador y depende del uso que se le de puede ser fuente de felicidad.
En este orden de idéas para que sea efectivo el dinero en el logro de este objetivo, se requiere una actitud frente a él que no nos permita considerarlo un fin en sí mismo, es decir, que no vivamos para acumularlo; además que al tener demasiado se establecen muchas relaciones de poder y de responsabilidad que puden complicar la vida en felicidad.
El Dr. Pérez (mi padre) con relación al tema nos decía: "Las monedas se hicieron redondas para que rodaran", con lo cual no resulta útil guardarlo con demasiado celo, y también nos decía: "En la vida el dinero va y viene, incluso te lo pueden arrebatar todo, pero nunca te puden robar tu capacidad de trabajo, lo que tienes en la cabeza y en tu corazón", que resulta un mensaje dirigido a no tenerle apego al dinero y a confiar más en la capacidad de generarlo que de conservarlo. Por último nos decía en este último sentido: "Entre un guarda camisa y otro, sólo hay tres generaciones".
Recientemente Bil Gates ofreció regalar la mitad de su fortuna para obras sociales en paises pobres y si lo cumple creo que su vida no cambiará mucho, salvo por el hecho de crear nuevas relaciones de amistad y de credibilidad provenientes de su generosa acción.
También cuando se tiene demasiado dinero no se puede lograr una diferencia en los casos de enfermedades incurables o de pérdida de un ser querido.
Por otra parte el dinero puede exclavisarnos o hacerlo con relación a los objetos que podemos comprar con él.
Hay un dicho que reza: "Los dos momentos más felices de un amante de los yates o botes, es cuando lo compra y cuando lo vende".
El otro extremo resulta desolador e implica no tener para satisfacer nuestras necesidades básicas y las de nuestros dependientes.
Cuando tenemos satisfechas las necesidades básicas podemos comenzar a vivir la felicidad. Aquí habría que recordar el tema del desapego tratado en este blog y que nos lleva a plantearnos que es lo verdaderamente necesario.
Hay quienes suelen tener el umbral muy alto y pueden verse en problemas para el logro del señalado objetivo.
Luego de lograr este nivel de satisfacción básico, resulta gratificante poder garantizarle a los hijos una buena educación, vacaciones en familia, cuidados médicos, un hogar decente, disfrutar del arte, la música, la naturaleza y hasta las cosas "banales" como la buena comida y bebida y cualquier otra cosa que exalte el espiritu humano, como lo es ayudar al que podamos.
En fin el dinero puede ser un poderoso instrumento para el logro de la felicidad; una sociedad con muchos ricos y muy pocos pobres será una sociedad feliz, pero también cuando aprendamos a usar el dinero con generosidad, nos congraciaremos y seremos felices con la felicidad ajena.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La Indiferencia vs. La Felicidad.


Una de las actitudes importantes vinculadas a la Cultura de Paz es la solidaridad. Ésta tiene muchas definiciones, dependiendo de la disciplina que la utilice. Para mí consiste en hacer propio algo de otra persona, es ponerse en el lugar de élla, tener empatía con lo que le sucede.
Actualmente, estamos bombardeados por innumerables noticias negativas que suceden muy cerca de nosotros y en el mundo entero y, contrariamente, no vemos exaltadas las noticias favorables o positivas y esta acumulación de negatividad nos va minando internamente, haciéndonos insensibles antes las tragedias o infortunios que les toca vivir a las demás personas, haciéndonos indiferentes. El enfoque en lo negativo que sucede y la indiferencia ante lo que pasa a los demás nos endurecen el corazón y nos alejan peligrosamente de la felicidad.
No estamos propugnando que las personas se limiten a leer periódicos deportivos o de farándula, o que pongamos a los niños exclusivamente en contacto con comiquitas inspiradas en la pura bondad, porque en definitiva requerimos para nuestra sobrevivencia conocer la realidad que nos circunda.
Es probable que la indiferencia sea una respuesta a la saturación que nos produce el exceso de negatividad, o como un mecanismo de defensa para evitar depresiones profundas.
Sin embargo, como lo hemos señalado a lo largo de este blog, no debemos conformarnos con ser simples testigos de la realidad, sino actores de la misma, aunque sea como la Madre Teresa de Calcuta que no paraba de trabajar a favor de aquel que tenía enfrente de sí. No basta con tener la sabiduría para conocer lo que los demás deben hacer, sino la disposición incansable de hacer aquello que está en nuestras manos.
Pediríamos al lector que meditara acerca de la persona que más quiere en este mundo; para ello cierra tus ojos, respira profundo e imagínatela enfrente de ti sintiendo la emoción que esa persona te inspira. Disfruta de ese momento por lo menos un minuto…
Ahora que has abierto tus ojos, imagínate que te informan que esa persona tan querida por ti fue atracada y fue herida con un arma de fuego y que se debate entre la vida y la muerte en un hospital. ¿Qué sientes ahora?
Todos los días vemos personas que pierden a un familiar o a un ser querido. Imagínense el sentimiento de una madre frente a la morgue esperando los restos de su hijo…
No pretendo que seamos capaces de sentir lo mismo que esa madre, porque además ese sentimiento no nos pertenece, pero muy dentro de nosotros sabemos que una persona que sufre una pérdida tan grande necesita un abrazo, una palabra de consuelo, y a veces algo más difícil de entregar que es la capacidad de escuchar en silencio y acompañarla.
Vivimos en un país en el que se viola, reiterada y descaradamente, los derechos humanos fundamentales e irrenunciables de los individuos, ante la vista gorda de la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo, el Parlamento, el Poder Electoral y el Poder Judicial (su silencio los hace cómplices y, en algunos casos, cooperadores necesarios para que se pueda ejecutar tales violaciones o para revestirlas de una falsa legitimidad, lo que los hace reos de delitos de lesa humanidad). Sin el derecho a la vida—“los delincuentes deben estar en las cárceles o bajo tierra”, Gral. Benavides dixit, sin presunción de inocencia, derecho a la defensa, ni al debido proceso, etc.—, derecho a la libre expresión, a la información veraz (no hay estadísticas gubernamentales en muchos aspectos y las que se consiguen son forjadas), sin sanciones legales, sin el derecho a la privacidad, al honor y la reputación y tampoco sin los derechos relativos, como el derecho al trabajo, a la libertad sindical, a dedicarnos a la actividad económica de nuestra preferencia, sin el derecho a la propiedad y a la garantía de no confiscación (el 98% de los bienes expropiados no han sido pagados por el estado), entre otros.
Frente a estos horrores no podemos acogernos a un silencio que nos hace cómplices, ese mismo silencio del que se abstiene de votar porque, al no expresar una opinión, cualquiera puede suponer de qué lado estamos y a nadie le podemos permitir que se adueñe de nuestra opinión, que decida por nosotros, y más cuando se toma decisiones para destruirnos como país, para dividirnos en bandos encontrados y con un fin ulterior de robarnos la felicidad. La excusa de no votar por la trampa que puede haber es muy pobre como excusa, porque si te abstienes de votar ganarán legítima y válidamente sin necesidad de la trampa. Si necesitan cometer fraude para ganar, les puede pasar lo que a los jueces del Tribunal Superior Electoral del Perú cuando dieron ganador a Fujimori, que terminaron presos. De la trampa siempre quedan rastros.
Parafraseando el texto famoso, llamado “Cuando vinieron por mí”, les digo:
Cuando invadieron tierras agrícolas, me quedé callado; yo no era agricultor.
Cuando cerraron los medios de comunicación de televisión, permanecí en silencio; yo veo televisión por cable y uso mi “iPod”.
Cuando confiscaron las empresas, no dije nada; yo trabajaba en otra parte.
Cuando encarcelaron y expatriaron a los políticos de oposición, no pronuncié palabra; yo no soy político. Cuando mataron al hijo de mis vecinos, no hice nada, yo no tengo hijos.
Cuando me quitaron mi casa, no quedaba nadie para decir algo.
En estos momentos puedes hacer muchas cosas, ir a votar en las elecciones, ser testigo de mesa, puedes incluirte en grupos de apoyo en los centros de votación (logística de comida y refrigerios), puedes estimular a todos los que conoces para que participen. No tienes excusas para no participar.
Estos son momentos de definiciones, no valen las medias tintas. No es una invitación para enfrentarte a otros o para destruir a los que no piensan como tú, es para que ejerzas tus derechos. Nadie va a respetar tus derechos si no los ejerces y defiendes. El texto del Apocalipsis se refiere muy fuertemente contra los tibios y dice en 3,15 y 16:
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Mas, porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”
No seas tibio ni indiferente, te estás jugando tu futuro, el de las personas que más quieres y el de tu país. Decídete por lo que creas que es mejor para ellos, para que puedan vivir en felicidad.

lunes, 30 de agosto de 2010

La Felicidad vs. El Miedo.


Ayer salió publicada una entrevista al padre José Virtuoso (SJ), próximo rector de la Universidad Católica Andrés Bello y quien ha trabajado por muchos años en el Centro Gumilla, en la cual señalaba que cerca del setenta por ciento de la población se abstiene de salir de sus casas para divertirse en razón al miedo que le produce la inseguridad personal en el país.
El asunto de la inseguridad es tan grave que ya se considera a Venezuela el país más inseguro del mundo, incluso cuando se compara con países que viven alguna forma de conflicto armado.
El miedo es una emoción sumamente poderosa y es capaz de paralizarnos de manera total y absoluta, haciéndonos perder sobretodo la esperanza en un futuro mejor.
El miedo es un mecanismo de defensa del que disponen una gran parte de los animales para garantizar la supervivencia de la especie. Como señalamos en una entrada anterior, si no tuviéramos miedo como generador de una situación de estrés, no seríamos capaz de segregar la adrenalina que nos permite reaccionar a nuestro máximo potencial físico y de reflejos; para unos padres resulta un alivio tener un hijo que perciba algún nivel de miedo en algunas circunstancias, que le impida acometer alguna travesura extrema.
Sin embargo, también señalamos que si el estímulo del miedo supera lo circunstancial (por ejemplo del ataque de un perro furioso) y se hace permanente o semi-permanente, el mecanismo de defensa se vuelve en contra de nosotros mismos causando daños orgánicos de la más amplia variedad.
Ante esta situación no hemos hecho más que intentar huir del fenómeno y cuando digo esto lo digo a todo nivel social, económico o político. Los que tienen mucho poder económico o político lo resuelven rodeándose de escoltas armados, sistemas de vigilancia de toda índole, blindaje de vehículos etc. Las personas con menos recursos no les ha quedado más que encerrarse en sus casas con puertas de seguridad con múltiples cerrojos, rejas, alambres de púas, recluyéndose así mismos en cárceles y evitando salir a la calle especialmente en las noches, dejando a la delincuencia actuar a sus anchas.
Aunque esta respuesta puede disminuir sensiblemente el riesgo de ser víctima de la delincuencia, no resuelve un problema que va a ir en aumento en un país que está en plena recesión económica y sin que se avizore a mediando plazo una recuperación.
Inglaterra prohibió el uso de armas de fuego hace muchos años, incluso las que usaban ordinariamente los policías, entre otras cosas, por los abusos cometidos por los cuerpos policiales. Japón también ha tenido una tradición de muchos años de control de armas de fuego y esto ha hecho que estas dos naciones sean las que tienen las más bajas estadísticas de muertes por armas de fuego.
En un estudio hecho en Estados Unidos quedó demostrado que en más del 80% de los enfrentamientos armados con muertes entre ladrones y víctimas, resultaron muertas las víctimas, lo cual es razonable por la mayor experticia en el manejo del arma de los ladrones y a la falta de escrúpulos que en muchos casos está vinculada al uso de drogas.
En Venezuela se estima que hay casi un arma por habitante, lo que dudo que sea cierto porque la gran mayoría de las personas que las portan no cumplen con ningún requisito legal de empadronamiento, así que la cifra puede ser mayor.
Entendemos que el problema de la delincuencia no está solo vinculado al armamento sino a otros factores, entre los cuales los más importantes son: el deterioro grave de los valores morales y ciudadanos, una justicia politizada que no sanciona a los delincuentes (se estima que más del 98% de los delitos quedan impunes), el desbordamiento del consumo y comercialización de drogas y por último las razones de tipo económico y social. Esto lo recalco porque resulta absurdo vincular la pobreza a la delincuencia, más allá del hecho de que pudiere haber una delincuencia promovida por el hambre o que la pobreza obligue a las personas a vivir en zonas de mayor índice de delincuencia y no como la pobreza en sí misma como causa del deterioro moral que conlleva a apartarse de las normas legales y sociales.
Los gobiernos han sido poco transparentes en la lucha contra la droga y para demostrarlo presentamos un ejemplo: En los países serios se mide la efectividad en la lucha en contra del narcotráfico, no con base a la cantidad de alijos de drogas decomisados en un año determinado (pueden incrementarse los decomisos por el aumento del tráfico), sino en la variación del precio de un “pase” de droga en la calle y el porcentaje de pureza de la misma. Cuando el precio en la calle aumenta y la calidad de la droga se deteriora, se puede decir con propiedad que ha habido un avance en la actividad policial.
En la ciudad de Nueva York con el Plan Braton se disminuyó sensiblemente la delincuencia con una política de cero tolerancia a delitos o faltas menores. Las bandas suelen reclutar a los más jóvenes, entre otras cosas, porque las sanciones a menores son más leves que las aplicadas a los adultos. Al aplicar la Ley a esos jóvenes, aunque sea por un delito o falta menor (saltar sobre un torniquete en el metro o por pintar un graffiti), se puede atajar a tiempo y sacarlo del entorno de delincuencia en donde se desenvuelve.
También es importante el trabajo en las cárceles, las cuales se han convertido en los centros más efectivos para obtener un master en delincuencia. Los evangélicos han hecho una labor en las cárceles muy meritoria en la que acercan la religión al preso y una vez que sale libre les consiguen donde vivir, si no lo tienen, trabajo también y le devuelven un sentido de pertenecer a una comunidad que los apoya de alguna forma. La última estadística que vi al respecto señalaba que los reos que se unían a estos grupos religiosos tenían una rata de reincidencia del cincuenta por ciento, que para los demás reos es más cercana al ciento por ciento.
¿Qué hacemos nosotros en esta situación?.
Primero: Desechar la parálisis que nos produce el miedo y convertir ese miedo en acción para apoyar a resolver el problema.
Segundo: Ejercer el control político de nuestros representantes en el gobierno a través del voto a favor de aquellas personas que estén orientadas verdaderamente a la solución del problema y que manejen un lenguaje propio de la Cultura de Paz.
Tercero: Existe una propuesta de comprar las armas ilegales y destruirlas inmediatamente preservando la identidad de la persona que las rinden. Podríamos ser activos en el apoyo de esta propuesta.
Cuarto: Conversar del tema. Promover y participar en todos las colectividades a las que pertenecemos, el condominio, el club, la asociación de vecinos, el consejo comunal y la escuela, para conversar con todos sus miembros, apoyarse en personas conocedoras de la materia y tomar acciones preventivas de la delincuencia, las tradicionales, pero entre otras las que tienen que ver con el manejo de la violencia que ha contaminado todos los ambientes (nos hemos vuelto más agresivos con nuestros vecinos, en el tránsito, en las escuelas, etc.), promoviendo programas de cultura de paz; el apoyo a las comunidades que nos son aledañas y que tienen mayores problemas de violencia e inseguridad y apoyar actividades que promuevan el deporte y la recreación sana o aquellas que ayudan al drogadicto.
En conclusión, podemos convertir el miedo en un estímulo para actuar en beneficio propio, de nuestra familia y de nuestra colectividad y al hacerlo reabriremos la puerta de la esperanza tan necesaria para el bienestar y la felicidad de todos nosotros.

lunes, 23 de agosto de 2010

La Felicidad vs. El Estrés.


El estrés se manifiesta en la activación de mecanismos orgánicos de emergencia vinculados a la supervivencia, que se producen por cualquier estímulo, circunstancia o hecho, pensamiento o sentimiento real o imaginario en un ser vivo.

El estrés está vinculado a las reacciones más primitivas de los seres vivos y en el caso de los seres humanos se ha convertido en una de las causas más importante de enfermedades o de su agravamiento. El estrés produce en las personas la pérdida de la paz y el equilibrio necesario para la vivencia de la felicidad.

La diferencia fundamental entre las situaciones de estrés a las que estaba sometido el ser humano en la edad de piedra, con las que está sometido el ser humano moderno, consiste en que el primero sufría situaciones de estrés ocasionales y que se resolvían con cierta rapidez; en cambio el segundo es víctima de situaciones de estrés que permanecen en el tiempo sin resolverse.

Cuando un homo sapiens primitivo se veía acosado por un predador felino de gran tamaño (situación detonante del estrés), se le presentaban dos opciones básicas frente al evento, huir y protegerse en un lugar en donde no era alcanzado por dicho animal o con su lanza, palo, piedras, etc., decidía enfrentar al mismo para, a lo sumo espantarlo, y así lograr su cometido. Evidentemente, cualquiera de las dos opciones podían fracasar terminando devorado por la fiera, pero no vamos a considerar esa opción que eliminaba el estrés de manera definitiva y absoluta. Si el evento generador del estrés se agotaba, también sus consecuencias.

El hombre moderno en muchas ocasiones no tiene la posibilidad de huir ni de enfrentar (solventar) la situación que le ha producido estrés y los efectos del mismo se vuelven crónicos o semi permanentes.

¿Qué produce el estrés en el organismo?. Si decidimos hacer dieta, por ejemplo, el organismo activa sus mecanismos de defensa en caso de hambre (se estima que la especie humana fue exitosa en su sobrevivencia porque logró soportar largos períodos de hambruna, capacidad está que está programada en sus genes) y el metabolismo se desacelera de tal manera para ahorrar toda la energía que sea posible, por esto es que la gente se queja de que al hacer dieta muy estricta no puede adelgazar, las mujeres pueden hasta suspender su período menstrual, etc.

En situaciones de peligro como las arriba descritas, el organismo segrega adrenalina la cual produce el espesamiento de la sangre (mecanismo que puede evitar una hemorragia por una herida), aumenta la presión arterial y los latidos de corazón e incrementa la capacidad de respuesta física. Pero la adrenalina es una sustancia dañina para el organismo, nos ayuda en estas situaciones pero pagamos un precio por ella y más cuando se mantiene la situación de estrés en el tiempo lo que garantiza que la hormona se sigue segregando continuamente.

Sin embargo, la ausencia de estrés en nuestras vidas tampoco es favorable al ser humano. Estamos diseñados para sobrevivir en situaciones adversas y somos capaces de lograr grandes cosas cuando estamos sometidos a situaciones de estrés, porque en estas circunstancias ponemos de manifiesto todas nuestras potencialidades. Un deportista no puede ser exitoso si no tiene el arrojo de dar el máximo de si mismo en una competencia, o un ejecutivo o empresario, si no es capaz de asumir riesgos razonables o una persona luchar con empeño para lograr hacer realidad un sueño que para otros luce como una locura. El empeño, la lucha para lograr ese triunfo nos hace segregar endorfinas que se conocen como las drogas de la felicidad. El ser humano liberado de manera absoluta del estrés está condenado a la decadencia y a su extinción.

Entonces ¿Cuál es el reto aquí?. Que volvamos al pasado, pero con todas las herramientas y experiencias acumuladas en estos poquísimos siglos de civilización, para que identifiquemos los estímulos estresantes que estamos recibiendo y decidir cuáles son irresolubles o por lo menos los que no están en nuestras manos resolver y sacarlos de nuestro camino (huir de ellos) y los que si constituyen una responsabilidad personal y que están dentro de nuestras capacidades resolver (también los que pueden ser resueltos identificando a quiénes necesitamos pedir ayuda o que recursos externos debemos conseguir para ello), planificar y poner el empeño necesario para el logro del éxito de la empresa.

Si se fracasa en el intento, adquirir la experiencia como un aprendizaje para seguir en esa lucha o para futuros retos.

En todo esto lo difícil es lo primero (escoger que vamos a enfrentar y de que vamos a huir) porque normalmente cuando tenemos que tomar una decisión ya estamos sufriendo las consecuencias del estrés y esto nos nubla el entendimiento y nos genera angustia, miedo, etc. Para éllo se requiere disponer se herramientas de relajación, de meditación y prácticas ya muy conocidas como las tormentas de ideas, la búsqueda de otra persona para que te sirva de espejo (psicólogo, sacerdote, coach, amigo, colega, etc.) que te puedan ayudar a sopesar cada situación, desechar las que no tienen remedio o no tiene importancia alguna o que no puedes solventar y a ordenar las ideas y las estrategias y pasos a seguir de las que si te corresponde acometer.

También tenemos que identificar todos aquello inútil a lo que solemos dar mucha importancia, las peleas y discusiones que no enriquecen a nadie, las situaciones que no resolvemos por abstenernos de conversar, de los perdones que la soberbia no nos permite pedir o de dar y centrarnos en lo que es profundo e importante de la vida, incluyendo en esto último, lo que pareciere banal pero que sea fuente de felicidad, de amor y de paz.

Al lograr este equilibrio en nuestras vidas, podemos disfrutar del placer en los retos que acometemos, sabiduría en los fracasos, encuentro con las potencialidades que tenemos y que tienen las personas a nuestro alrededor y que desconocemos, esperanza en un futuro mejor y un modelaje positivo para aquellos que les tocará substituirnos en esta lucha por un mundo mejor y más feliz.